Las acciones de las grandes tecnológicas de Wall Street sufrieron una fuerte corrección porque los resultados trimestrales y los planes de gasto reavivaron una duda central: si la inversión multimillonaria en inteligencia artificial puede generar ganancias con la velocidad que espera el mercado.
El Nasdaq, el índice con mayor presencia de compañías tecnológicas, operaba con una baja de 3,02% al cierre de esta nota.
El S&P 500 perdía 1,81% y el Dow Jones caía 0,94%.
El Russell 2000, que reúne a empresas estadounidenses de menor tamaño, retrocedía 2,04%.
El movimiento se concentró en Wall Street, pero tuvo consecuencias más amplias para los mercados del mundo.
La baja refleja un cambio de ánimo entre los inversores. Durante los últimos años, la promesa de la inteligencia artificial elevó las cotizaciones de empresas que fabrican chips, ofrecen servicios de computación en la nube o desarrollan modelos de IA.
Ahora, el foco está puesto en el costo de esa carrera y en el tiempo que demorará en traducirse en ingresos.
La reacción del mercado tuvo dos disparadores, vinculados a los resultados de Amazon y a las previsiones de Intel.
Por un lado, Amazon informó un ritmo de expansión menor al esperado en su negocio de comercio electrónico y confirmó que seguirá elevando sus desembolsos en infraestructura para inteligencia artificial.
Sus acciones cayeron alrededor de 3% durante la jornada, luego de haber llegado a retroceder hasta 10% en las operaciones posteriores al cierre previo.
Por otro lado, Intel se desplomó cerca de 30% después de presentar previsiones de ventas y ganancias para el cuarto trimestre por debajo de las expectativas.
La compañía atribuyó parte de sus dificultades a restricciones de oferta, problemas de manufactura y una escasez de memoria que afecta la disponibilidad de componentes.
La caída de Intel se extendió al resto de la industria de semiconductores.
El índice de Filadelfia, que sigue a las principales empresas de chips, retrocedió con fuerza.
También bajaron las acciones vinculadas a memoria, procesamiento y almacenamiento de datos, rubros que se habían beneficiado de la expansión de los centros de datos.
Las grandes tecnológicas necesitan miles de millones de dólares para construir centros de datos, comprar procesadores avanzados, ampliar sus redes eléctricas y desarrollar nuevos modelos.
Ese gasto se conoce como inversión de capital: dinero destinado a activos que deberían producir beneficios a futuro.
La dificultad para los inversores es que el desembolso ocurre hoy, mientras que los retornos pueden llegar en varios años.
Si los ingresos vinculados a la IA no aumentan con rapidez, las empresas pueden ver presionado su flujo de caja, es decir, el efectivo que les queda luego de afrontar sus gastos operativos e inversiones.
Amazon anticipó gastos de capital cercanos a USD 220.000 millones en 2026, en su mayoría dirigidos a Amazon Web Services, su división de computación en la nube.
La empresa prevé incluso un desembolso mayor en 2027.
Alphabet, Meta, Microsoft, Oracle y Amazon también ampliaron sus presupuestos de infraestructura para IA.
Estimaciones de bancos de inversión ubican el gasto global en IA cerca de USD 1 billón para el próximo año.
J.P. Morgan proyecta inversiones acumuladas por USD 5,5 billones hacia 2030.
Una parte de estas inversiones se financia con recursos propios, pero las compañías también recurren a bonos y a deuda, un mecanismo por el cual reciben dinero de inversores y se comprometen a devolverlo con intereses.
Durante años, las grandes tecnológicas tuvieron balances sólidos y abundante efectivo.
Sin embargo, el aumento del gasto para sostener la carrera por la IA ha llevado a varias de ellas a emitir deuda.

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