Un mensaje de WhatsApp que llegó en 2018 cambió para siempre la vida de una familia porteña. Guillermo (61) y Luciana (52) recibieron una convocatoria pública sobre un niño de 12 años con VIH que vivía internado en un hospital, sin posibilidad de regresar con su familia biológica.
La pareja, que ya tenía cinco hijos grandes de relaciones anteriores, no dudó en postularse para la adopción. "Nos pusimos en contacto con el Juzgado y fue todo muy rápido, porque Darío en ese momento estaba viviendo en la sala de pediatría de un hospital al que llegó con un grado de desnutrición muy importante", recordó Guillermo.
El proceso fue acelerado debido a la urgencia del caso. Tras los primeros encuentros en el hospital y cumplir con todos los trámites legales, Darío se mudó con su nueva familia en el área metropolitana de Buenos Aires. Sin embargo, la integración presentó desafíos únicos.
"Prácticamente toda la vida anterior del niño había sido en la calle. Casi no había ido a la escuela, por lo cual tampoco podía decirse que estaba alfabetizado", explicó su padre adoptivo. El lenguaje del menor era muy acotado y existían barreras de comunicación importantes entre él y su nueva familia.
La primera salida familiar fue al cine, un lugar que Darío nunca había visitado. En lugar de mirar la película, pasó la mayor parte del tiempo observando el haz de luz del proyector. "Trajimos a una persona que era como si viniera de otro país o de otro planeta", admitió Guillermo.
El proceso de adaptación requirió múltiples apoyos. Aunque tenía 12 años, Darío debió inscribirse en cuarto grado de primaria. Además del colegio, comenzó terapia psicológica y tomó clases de batería y teatro. Para avanzar en lectoescritura, leía diariamente 20 minutos en casa, actividad que posteriormente se convirtió en una pasión personal.
Los cinco hermanos mayores jugaron un rol fundamental en la integración. "Nuestros hijos fueron divinos. Enseguida lo acompañaron, lo abrazaron... fue maravilloso", recordó Guillermo. La pareja había conversado previamente con todos sus hijos sobre la situación de Darío y recibió apoyo unánime.
Ocho años después, en 2026, Darío tiene 20 años y se ha integrado completamente a la familia. El 7 de marzo pasado, Luciana y Guillermo formalizaron su unión matrimonial, consolidando legalmente esta familia ensamblada que se formó a partir de un acto de amor y solidaridad.
Esta historia refleja cómo las adopciones especiales pueden transformar vidas cuando encuentran familias preparadas para brindar el apoyo integral que requieren menores en situación de vulnerabilidad extrema.

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