En medio de la visita del presidente chino Xi Jinping a Washington, Estados Unidos y China acordaron extender hasta enero próximo su tregua comercial, según confirmó el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent en declaraciones a la cadena Fox News. La medida prolonga el llamado "acuerdo de Busan" hasta el 10 de enero, postergando una nueva escalada arancelaria entre las dos mayores economías del planeta.
El anuncio se produjo tras un encuentro entre Bessent y el viceprimer ministro chino He Lifeng en la capital estadounidense, donde ambos funcionarios evaluaron el estado de las negociaciones bilaterales. La extensión del acuerdo, alcanzado originalmente el año pasado, busca evitar una guerra comercial que podría desestabilizar los mercados internacionales en un momento de alta volatilidad financiera global.
Para Argentina, esta tregua tiene implicancias directas. El gobierno de Javier Milei, que ha apostado por un acercamiento estratégico con Estados Unidos y una relación pragmática con China, observa con atención estos movimientos. China es el segundo socio comercial de Argentina, principal comprador de soja y carne, mientras que Washington presiona por un alineamiento geopolítico más estrecho.
Desde el Ministerio de Economía argentino, fuentes consultadas señalaron que cualquier escalada arancelaria entre ambas potencias afectaría los precios de las commodities, principal fuente de divisas del país. "Si China reduce sus importaciones por una recesión inducida por aranceles, nuestras exportaciones caen. Si EE.UU. cierra mercados, perdemos alternativas", explicó un funcionario bajo reserva de identidad.
El "acuerdo de Busan", firmado en Corea del Sur durante la cumbre del G20 de 2025, estableció una reducción gradual de aranceles recíprocos y compromisos de compra mutua. Sin embargo, las tensiones nunca desaparecieron del todo: Donald Trump mantiene una retórica dura contra Beijing, mientras Xi Jinping busca consolidar su influencia en América Latina a través de inversiones en infraestructura y acuerdos comerciales.
En el puerto de Buenos Aires y en las terminales del Gran Buenos Aires, empresarios del sector exportador recibieron la noticia con alivio moderado. "Tres meses más de previsibilidad es mejor que nada, pero necesitamos certezas de largo plazo", opinó Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA). El dirigente empresarial advirtió que la incertidumbre comercial global complica la planificación de siembras y contratos futuros.
La visita de Xi Jinping a Washington, la primera en dos años, marca un intento de distensión diplomática en un vínculo marcado por la desconfianza mutua. Ambos líderes abordarán temas como tecnología, seguridad y comercio, con la guerra en Ucrania y las tensiones en el Mar de China Meridional como telón de fondo.
Para el gobierno argentino, el desafío es mantener el equilibrio. Milei necesita el financiamiento del FMI, donde Estados Unidos tiene poder de veto, pero también requiere que China siga comprando productos argentinos y renovando el swap de monedas que sostiene las reservas del Banco Central. La extensión de la tregua comercial le da un respiro, pero la definición de enero será clave para la estrategia económica del país.
Analistas políticos porteños coinciden en que la Argentina no puede darse el lujo de elegir bandos en esta disputa. "Somos un país periférico que depende del comercio global. Necesitamos que EE.UU. y China se lleven bien, o al menos que no se destruyan mutuamente", resumió el economista Martín Guzmán en una columna reciente.
Con información de: Clarín

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