El 26 de julio de 1980, la promoción de la Escuela Normal de Bragado subió al micro rumbo a Bariloche con la misma ilusión de cualquier egresado. Nunca llegaron a destino. A 15 kilómetros de Médanos, cerca de Bahía Blanca, el colectivo chocó contra un camión en la Ruta 22 en lo que se conoció como "la tragedia de Médanos".
El accidente dejó 11 muertos: seis alumnos, la directora y la secretaria del colegio, además de otros ocupantes del micro. Entre los sobrevivientes estaba Andrea Povis, quien a los 17 años quedó en coma durante cuatro días y tardó décadas en reconstruir lo que había pasado esa noche.
"Yo iba del lado izquierdo, del lado del pasillo, y una de mis amigas en la ventanilla. Era de noche; nos tapamos, nos dormimos y ese es mi último recuerdo", relató Povis, hoy de 62 años. Lo siguiente fue despertar en el Hospital Italiano sin recordar nada, hasta que vio la fecha en una revista: agosto de 1980.
La reconstrucción del accidente fue un proceso largo y doloroso. "Era una ruta doble mano en muy mal estado", explicó años después. El colectivero y el camionero se vieron las luces mutuamente en una curva cerrada, ambos dijeron "paso" y avanzaron, pero el ancho de la ruta no alcanzó para que pasaran los dos vehículos.
"El acoplado pegó un coletazo y arrancó todo al lado izquierdo del colectivo, lo tumbó y lo volcó", recordó Andrea, quien quedó atrapada en el fondo del micro. "Mi compañera, que estaba al lado mío, falleció. Fui la última que sacaron", agregó con dolor.
La infraestructura de Médanos era pequeña para semejante tragedia, por lo que los propios sobrevivientes se convirtieron en rescatistas. Algunos adolescentes ilesos subían una y otra vez a los restos del colectivo para sacar a sus compañeros. Los camiones que pasaban por la ruta prendían las luces para iluminar la zona y facilitar el trabajo de los bomberos.
Como no alcanzaban las ambulancias, pobladores locales llegaron en autos particulares para trasladar heridos al hospital. Así fue como Andrea llegó al Hospital de Bahía Blanca, donde le hicieron la primera cirugía antes de derivarla a Buenos Aires.
Las heridas de la joven fueron graves: un fierro se insertó en su cabeza, le rompió un hueso, tuvo pérdida de masa encefálica y perdió parte de la visión del ojo derecho. Cuarenta años después, Andrea pudo finalmente entender cómo sus compañeros arriesgaron sus vidas para salvar la suya en esa noche trágica que marcó para siempre a Bragado y al conurbano bonaerense.

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