El relevamiento laboral del Indec para el segundo trimestre de 2026 mostró un aumento leve del desempleo y, sobre todo, un salto del 317% en un año del cuentapropismo informal.
Ese crecimiento llevó a ese colectivo a superar los 2 millones de personas y obligó a los especialistas a analizar quiénes son, a qué se dedican y cómo viven quienes no consiguen un empleo en blanco.
Los datos muestran una caída histórica del empleo asalariado, tanto en blanco como en negro. En el segundo trimestre de 2026, los asalariados representaron el 70,5% de las personas ocupadas, el valor más bajo de la serie del CIAS desde 2016.
Ese nivel es igual al registrado en el cuarto trimestre de 2020, durante la pandemia. La caída de la asalarización implica que una proporción menor de quienes tienen trabajo se desempeña bajo una relación de dependencia, registrada o no.
En sentido inverso, el cuentapropismo llegó al 25,5% de los ocupados, tras subir 1,8 puntos porcentuales frente al segundo trimestre de 2025. El incremento equivale a unas 307.000 personas más que pasaron a trabajar por su cuenta en apenas un año.
El nivel actual se acerca al máximo de la serie, que se había alcanzado en 2020, cuando las restricciones sanitarias y la destrucción de empleo empujaron a más trabajadores hacia actividades independientes. A su vez, ese trabajo por cuenta propia tiende a ser informal.
Entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo período de 2026, la cantidad total de ocupados aumentó en 265.000 personas, pero los empleos informales crecieron en 348.000, mientras que los registrados descendieron en 83.000. En ese contexto, la tasa de informalidad general alcanzó el 45%, el valor más alto desde fines de 2023.
Los especialistas reniegan contra la idea de que se trata de una cuestión de preferencias: no son emprendedores que no quieren tener jefes, sino personas que recurren a la única opción disponible. Para Santiago Poy, vicerrector del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), el crecimiento está ligado a la falta de ingresos y no a la aparición de nuevos emprendimientos con capacidad de expandirse.
“Es un cuentapropismo de necesidad”, explicó, porque se trata de personas que “se lanzan o desarrollan una actividad por su cuenta, principalmente por falta de ingresos”. El investigador lo diferenció del cuentapropismo “de oportunidad”, que puede generar actividades productivas, y advirtió que los bajos ingresos y la baja productividad ayudan a explicar su condición informal.
“A veces se explica la informalidad y el trabajo por cuenta propia como una preferencia de los jóvenes, algo que puede llegar a ser cierto en niveles económicos más bien altos. Esto no es una opción, sino una necesidad: los datos de ingresos muestran que trabajar en negro o por cuenta propia implica ganar muchísimo menos, no es algo que se elige”, dijo Claudio Caprarulo de Analytica.
Las brechas de ingresos son claras. Según datos del Instituto Universitario CIAS para el primer trimestre de 2026, los trabajadores por cuenta propia informales tuvieron un ingreso mensual promedio de $ 541.000 y una mediana de $ 400.000.
El monto equivale a menos de la mitad del promedio de $ 1.391.000 que percibieron los cuentapropistas formales y quedó por debajo del ingreso medio de $ 1.104.000 para el conjunto de los ocupados.
El fenómeno, medido a nivel nacional, tiene lectura directa para CABA y el Gran Buenos Aires, donde la escasa demanda de empleo registrado presiona sobre el ingreso de los hogares.
Con información de Infobae y datos de Indec.

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