La terminal de ómnibus de Retiro atraviesa uno de sus momentos más críticos. Este viernes, mientras el Gobierno nacional anunció su intención de concesionarla por 30 años para renovarla completamente, los usuarios que transitan por sus pasillos dan cuenta de una realidad que se arrastra desde hace décadas: infraestructura obsoleta, problemas de seguridad y servicios deficientes.
La estación, que no recibe modificaciones sustanciales desde los años 90, presenta serias limitaciones en su funcionamiento diario. Con apenas dos accesos habilitados -el puente 3 para vehículos particulares y la rampa sobre avenida José Ramos Mejía-, la terminal genera embotellamientos constantes y dificulta el flujo de los miles de pasajeros que la utilizan.
Grover, remisero de 50 años que trabaja en la zona desde la pandemia, considera que la limitación de accesos tiene su lado positivo: "Para mí es por un tema de seguridad, no había tanto control antes en cuanto a quién entraba y quién salía", reflexiona mientras espera clientes en el único ingreso vehicular.
Sin embargo, la percepción sobre la seguridad varía entre los usuarios. Lucía, de 36 años, viaja dos veces al mes desde Comodoro Rivadavia con su hija Samira, de 13 años y con Síndrome de Down, para controles médicos en el Hospital Garrahan. "Antes era muy feo, había mucha gente de la calle o que venía de la villa. Ahora hay más seguridad, me siento más cómoda", destaca la chubutense.
No todos comparten esa visión. Susana, jubilada que frecuenta la terminal semanalmente, señala que "cuando salimos a las 21, te da miedo caminar y no te sentís seguro, no hay suficientes policías". La pareja de jubilados, junto a su esposo Roberto, recuerda cuando la terminal bullía de actividad: "Comparado a lo que era antes bajó mucho el movimiento, antes ni podías caminar".
La caída en el flujo de pasajeros es evidente. Según testimonios de trabajadores y usuarios habituales, solo en enero, febrero y época de fiestas la terminal recupera parte de su antigua vitalidad. Los fines de semana, describen, "es un completo desierto".
Entre las principales falencias que deberá abordar el futuro concesionario se encuentran la falta de escaleras mecánicas y ascensores, la ausencia de lockers para equipaje y la necesidad de más puntos de acceso. Avelina, de 67 años, que viaja desde Santa Rosa, La Pampa, para atenderse en el Hospital Alemán, lamenta especialmente "la falta de lockers en la estación para dejar el equipaje".
El proyecto de concesión por tres décadas busca modernizar completamente una terminal que, con sus característicos pisos rojos y arquitectura noventera, se ha quedado obsoleta frente a las necesidades actuales del transporte de larga distancia en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

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