Una nueva protesta gremial complica el funcionamiento del subte B en la Ciudad de Buenos Aires, donde los metrodelegados mantienen una medida de fuerza que genera demoras significativas y trenes abarrotados de pasajeros durante las horas pico.
La protesta, que se extiende desde ayer, consiste en detener los trenes más tiempo del habitual en cada estación, lo que provoca que las formaciones circulen con mayor frecuencia entre servicios y los usuarios deban viajar en condiciones de hacinamiento, especialmente durante la mañana y la tarde.
Según informó Emova, la concesionaria del subte porteño, "la medida de fuerza es llevada a cabo por un grupo de representantes gremiales en rechazo a nuevos diagramas, que buscan incrementar la oferta de servicio en la línea, implementados a partir de la semana en curso".
El conflicto tiene como principal referente al metrodelegado Claudio Dellecarbonara, también miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas en el Frente de Izquierda. Aunque forma parte del secretariado ejecutivo del gremio, Dellecarbonara no siempre está alineado con la conducción actual, a cargo de Néstor Segovia desde el fallecimiento de Norberto Pianelli.
Esta particularidad explica por qué la protesta se concentra únicamente en la línea B y no cuenta con un comunicado oficial del gremio. La semana pasada, los metrodelegados ya habían paralizado durante varias horas la línea C para protestar porque seguía en servicio una formación con asbesto.
La Secretaría de Trabajo de la Ciudad decidió intervenir en el conflicto y convocará a la empresa y al sector gremial a una audiencia. Con esta medida se busca la suspensión de la protesta y la normalización del servicio que conecta Juan Manuel de Rosas con Leandro N. Alem.
El martes, los metrodelegados habían realizado otra acción de protesta en la estación Federico Lacroze, donde liberaron molinetes para protestar por descuentos realizados a trabajadores. Emova justificó esos descuentos explicando que se aplicaron "a aquellos empleados que no cumplieron con sus horarios de trabajo establecidos sin justificación alguna".
Mientras se busca una solución al conflicto, los 400.000 pasajeros diarios que utilizan la línea B deben enfrentar viajes más largos y incómodos, en una línea que ya presenta desafíos operativos por su antigüedad y la alta demanda en el corredor que une el norte y el centro porteño.

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