El sur porteño recibe una propuesta cultural que llega desde Rosario para instalarse en pleno corazón de San Telmo. Se trata de Tacuarí 1080, un espacio de arte, arquitectura y diseño que ocupa un edificio recuperado de 360 metros cuadrados y tres plantas en la histórica calle del barrio.
La iniciativa surge de la fusión entre dos referentes santafesinos: la galería de arte Subsuelo, comandada por Daniel Andrino y el arquitecto Daniel Pagano, y el estudio de diseño Darkhaus, fundado por Nerina Pizzarotti y Silvia Cagnone. Juntos decidieron trasladar parte de su experiencia rosarina al circuito cultural porteño.
El edificio elegido no fue casualidad. Según relata Pagano, "cuando vinimos a ver este espacio no podíamos creer que la fachada nos estaba guiñando el ojo: tiene el mismo mármol travertino que el Monumento a la Bandera. Eso es muy emblemático para nosotros". Esa conexión material entre Rosario y Buenos Aires se convirtió en el hilo conductor del proyecto.
El espacio, que funcionaba como depósito abandonado y luego albergó oficinas fragmentadas, fue transformado en una "caja arquitectónica fluida" diseñada especialmente para dinámicas híbridas. La propuesta elude el esquema rígido del cubo blanco tradicional de las galerías para ofrecer una escala más amigable, donde la circulación invita a recorrer el lugar "como si se entrara a una casa".
La curaduría, bajo la responsabilidad de Analía Solomonoff, opera como un laboratorio de ideas que rechaza la vertiginosidad contemporánea. "No tiene que ver con lo viejo y lo nuevo, sino con transmutar esa idea de lo que pasa de moda y reconfigurar los tiempos", explica la curadora, quien busca cortar con "la idea de correr, de sobreproducir".
Daniel Andrino, historiador con 40 años de trayectoria en la educación pública rosarina, refuerza este concepto: "Una característica propia de Subsuelo es que nos interesa el arte, pero fundamentalmente apostamos al oficio macerado, que no esté el apuro, la inmediatez de terminar esta obra para un premio".
Entre las producciones destacadas figura Rubén Baldemar (1958-2005), nombre clave de la plástica de los 90 que decidió recluirse y no exhibir su obra durante casi una década, asumiendo una posición periférica y resistente. Su trabajo incluye una serie heráldica de escudos que transforman elementos cotidianos y orgánicos.
El espacio se organiza a partir de la luz natural que invade las salas de exposición principal, las trastiendas abiertas al público, las oficinas y las áreas destinadas a conversatorios. "Las obras dialogan con la identidad de Rosario y con la propuesta curatorial. Desde el video con la coreografía de grúas frente al río, a los silos con impronta industrial", detalla Pagano.
Con esta apertura, San Telmo suma una nueva propuesta que promete enriquecer el circuito cultural del sur porteño, apostando a un modelo que privilegia la reflexión y el proceso creativo por sobre la inmediatez del mercado del arte contemporáneo.

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