A los 91 años, Ricardo Halac demuestra que la edad no es obstáculo para la creatividad. El dramaturgo porteño, figura emblemática de la Generación del 60 y cofundador de Teatro Abierto, estrena 'Primera noche robada' en el Teatro Del Pueblo, una comedia musical que combina humor ácido con crítica social.
La obra se presenta los domingos a las 17 en Lavalle 3636, con dirección de Guido Inaui Vega y música original de Esteban Morgado, reconocido compositor tanguero ganador de varios Premios Gardel y nominado al Latin Grammy.
Lejos de ser una reconstrucción histórica, 'Primera noche robada' utiliza un marco medieval como espejo del presente argentino. Entre castillos y caudillos, la obra expone mecanismos de dominación y formas de impunidad que trascienden épocas y geografías, con un tono satírico que hace reír e incomoda a la vez.
La puesta de Inaui Vega apuesta por una estética deliberadamente exagerada, donde confluyen la comedia, la tensión dramática y el comentario social. El director construye un lenguaje escénico que evita solemnidades y ofrece una mirada filosa sobre las relaciones entre deseo, poder y violencia simbólica.
Uno de los aspectos distintivos del espectáculo es la presencia de música en vivo. Las composiciones de Morgado no funcionan como mero acompañamiento, sino como parte esencial de la dramaturgia, dialogando con las actuaciones y amplificando los climas emocionales del relato.
El elenco está integrado por Matías Hynes, Andrés Gioeni, Antonella Van Ysseldyk y Guido Lapenna, acompañados en escena por los músicos Gemma Scalia, Jaime Granda y Moncho Santos, quienes dan cuerpo sonoro a esta propuesta que equilibra entretenimiento y reflexión.
La nueva producción confirma la vitalidad creativa de Halac, nacido en Buenos Aires en 1935. Con más de veinte obras estrenadas en su haber, el dramaturgo recibió recientemente el Premio Ñ a la Trayectoria 2025, que destacó su aporte sostenido a una dramaturgia comprometida con los conflictos sociales y políticos del país.
Con 'Primera noche robada', Halac vuelve a una de las preguntas centrales de su obra: cómo se reproducen los mecanismos de poder y de qué manera el teatro puede exponerlos. La respuesta llega esta vez en clave musical, entre canciones, ironías y personajes que parecen habitar un pasado remoto, aunque sus conductas resulten inquietantemente familiares.

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