Las calles de Buenos Aires volvieron a vibrar este domingo con la pasión del running. Más de 16.000 corredores de 60 países participaron del Maratón de Buenos Aires, consolidando a la prueba como la más rápida y convocante de la región. Entre lágrimas, gritos y abrazos en la meta, la jornada tuvo un condimento histórico: se batió el récord femenino del circuito.
La keniata Rebecca Kangogo Chesir cruzó la línea de llegada en 2h:23m:36s, superando la mejor marca histórica de la categoría Damas y quedándose con el título. Su compatriota Bethwel Kibet Chumba se impuso en Caballeros con un tiempo de 2:08:28, escoltado por el ruandés John Hakizimana (2:08:39) y el también keniata Felix Kiptoo Kirwa (2:10:24).
El podio femenino lo completaron las keniatas Rodah Jepkorir Tanui (2:24:04) y Emmah Cheruto Ndiwa (2:26:55). Entre las argentinas, Chiara Mainetti lideró con un tiempo de 2:38:25, seguida por Anahí Castaño (2:44:21) y Mercedes Piredda (2:48:11). En varones locales, Ignacio Erario fue el mejor con 2:16:42, por delante de Ignacio Reyes (2:21:45) y Esteban Angulo (2:23:01).
Los ganadores recibieron sus premios de manos del jefe de Gobierno porteño Jorge Macri, junto a Adalberto Iriarte, director general de Carreras y Maratones Ñandú, organizadores del evento que desde hace años posiciona a Buenos Aires en el calendario mundial del atletismo de fondo.
El recorrido de 42 kilómetros atravesó los puntos más emblemáticos de la Ciudad: los estadios de Boca y River, los Bosques de Palermo, el Teatro Colón, el Obelisco, la avenida Corrientes, la Plaza de Mayo, el Cabildo y Puerto Madero. Miles de vecinos porteños se apostaron detrás de las vallas para alentar a propios y extraños, generando una atmósfera única que muchos corredores destacan como uno de los grandes atractivos de la prueba.
"Vaciate", le gritaba un corredor a su compañero cerca de la meta. "La voluntad lo es todo", decía la remera de otro competidor que aceleraba al escuchar el aliento del público. En un momento emotivo, un grupo de mujeres desplegó desde las vallas un trapo blanco con la inscripción "Las Malvinas son Argentinas", en un gesto que recordó a las clásicas banderas de las tribunas de fútbol.
La participación internacional fue masiva: 5.769 extranjeros corrieron en Buenos Aires, representando más del 30% del total de inscriptos. Brasil lideró con 2.769 corredores, seguido por Chile (499), Colombia (468), Uruguay (455) y Perú (378). La presencia de atletas de élite africanos, especialmente keniatas, es habitual en esta prueba que ofrece premios en dólares y un circuito rápido, ideal para buscar marcas.
En la zona de llegada, entre carpas de equipos de entrenamiento como Universal Running Team, los corredores compartían sus historias. "Hoy me fue bien, estoy contento", decía Catriel, mientras su entrenador Marcos reconocía: "Se hizo duro por la humedad". Marina, otra corredora, se emocionaba al recibir su medalla, acusando recibo del esfuerzo de meses de preparación.
Porque detrás de cada maratonista hay una historia que comenzó mucho antes del domingo a las 7 de la mañana, hora de largada. Meses de entrenamiento, pasadas interminables que fortalecen no solo las piernas sino también la cabeza y el corazón. Y todo cobra sentido cuando esa medalla cuelga del cuello y certifica el título de maratonista.
Los grupos de entrenamiento jugaron un papel clave durante el recorrido. Sus miembros aparecían en distintos puntos con megáfonos, banderas y música, brindando momentos únicos que muchos corredores consideran esenciales para superar los desafíos que cada kilómetro impone. En una ciudad que cada vez abraza más la cultura del running, el Maratón de Buenos Aires se consolida como la gran fiesta anual del atletismo porteño.

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