Racing vive una crisis profunda que contrasta brutalmente con los éxitos de 2024 y 2025. El club de Avellaneda, que hace apenas meses celebraba títulos, hoy se debate entre jugadores indisciplinados, una hinchada furiosa y una dirigencia cuestionada encabezada por Diego Milito.
La situación se volvió insostenible tras el empate con Barracas Central en el Cilindro, donde los hinchas explotaron contra los futbolistas y la comisión directiva. "La comisión, la comisión, se va a la p... que lo parió", cantaron desde las tribunas, apuntando directamente al presidente que prometió un "salto de calidad".
Los números hablan por sí solos: Marcos Rojo acumula expulsiones clave, Maravilla Martinez erró un penal decisivo en el clásico con Independiente, y Toto Fernández se hizo expulsar a los 3 minutos contra Barracas. En Venezuela, ante un equipo que terminó 10° de 14 en su torneo local, Racing no pudo ganar y complicó su clasificación en la Copa Sudamericana.
"Es una mierda para nosotros porque hacemos un esfuerzo y entramos dormidos", sintetizó Baltasar Rodríguez tras la decepción en Caracas. Las disculpas se volvieron moneda corriente en un plantel que perdió la confianza y la disciplina que lo llevó a conquistar títulos.
El técnico Gustavo Costas tampoco escapa a las críticas. Su pedido de "un hijo de puta" al referirse a Rojo se volvió en su contra cuando el defensor acumuló expulsiones en momentos clave. "No es un problema táctico", declaró Costas, una frase que molestó puertas adentro del club.
Milito, que llegó a la presidencia con el slogan del "Racing Positivo", enfrenta su primera gran crisis. Durante su campaña prometió infraestructura y un plantel de elite, pero los hinchas interpretan "salto de calidad" como resultados inmediatos. La compra del predio de Ezeiza y los planes de reforma del Cilindro no alcanzan cuando el equipo no puede ganar partidos clave.
Este domingo, Racing enfrenta a Huracán en lo que parece una final sin margen de error. La clasificación a octavos de la Liga Profesional podría calmar las aguas, pero la crisis va más allá de los resultados: es un problema de liderazgo, disciplina y expectativas desmedidas en un club que no logra sostener el éxito.
La molotov que tambalea al Racing Positivo tiene múltiples mechas: una dirigencia que prometió más de lo que pudo cumplir, jugadores que no asumen responsabilidades y una hinchada que perdió la paciencia. En Avellaneda, el perro se muerde la cola y no encuentra la salida del círculo vicioso.

Comentarios