El rabino argentino Fishel Szlajen se incorporará al AI Working Group del G20 Interfaith Forum, una plataforma internacional que desde 2014 articula perspectivas religiosas, académicas y de políticas públicas frente a los desafíos globales.
Su incorporación llega cuando la inteligencia artificial deja de ser solo un tema técnico para convertirse en un problema de gobernanza. La pregunta ya no es únicamente qué pueden hacer los nuevos sistemas, sino qué poder estamos dispuestos a transferirles y bajo qué condiciones.
Szlajen participará además del Annual G20 Interfaith Forum 2026, previsto del 15 al 17 de octubre en la Universidad de Utah, en Salt Lake City, bajo el lema “Resilient Hope, Shared Future”.
En ese encuentro, la inteligencia artificial tendrá un lugar destacado, con una sesión plenaria sobre sus consecuencias prácticas y éticas y otra orientada a “Innovación en IA y Dignidad Humana”. La convocatoria incorpora una línea de pensamiento desarrollada por Szlajen desde la Argentina.
Doctor en filosofía y posdoctorado en Bioética, Szlajen trabaja sobre sistemas autónomos, máquinas morales, vehículos autotripulados, gemelos digitales sociales, manipulación algorítmica, transformación del trabajo, poder de las plataformas y exigencias de transparencia, trazabilidad y explicabilidad.
Consultado por Infobae, Szlajen advirtió: “La eficiencia de un algoritmo no le otorga legitimidad moral”. Para el rabino, existen decisiones cuya legitimidad no depende solo de un resultado eficiente, sino de que exista un sujeto humano capaz de responder por lo decidido.
De allí surge su principio de no delegación: cuando están comprometidas la vida, la libertad, la dignidad o derechos fundamentales, la tecnología no debe traspasar el límite de la responsabilidad humana.
Szlajen también plantea el derecho humano a no ser usado, una idea que busca responder a modelos donde conductas, preferencias, relaciones y vulnerabilidades se convierten en materia prima para sistemas que no solo predicen, sino que también influyen sobre las personas.
El problema excede la privacidad: se trata de preservar la condición de sujeto frente a tecnologías capaces de convertir a la persona en objeto de cálculo, experimentación o manipulación. Ambos principios confluyen en la Ética del Límite, marco desde el cual Szlajen propone pensar la gobernanza de la inteligencia artificial.
Su tesis central es que el límite no constituye una negación de la innovación, sino una condición de legitimidad del poder tecnológico. “Que algo pueda hacerse no significa todavía que deba hacerse” ni que exista derecho a hacerlo, sintetizó. Szlajen vincula esa perspectiva con el pensamiento judío.
Con información de: Infobae, que consultó a Szlajen por la convocatoria.

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