En Puerto Madero, la plazoleta Juan Manuel Fangio guarda uno de los pocos recuerdos vivos del oficio de canillita. Allí, Guido Miranda atiende desde hace más de 25 años.
El puesto, verde y metálico, fue entregado en 2021 y su instalación contó con la presencia del ex Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. Hoy, esa historia se complica: la Ciudad le envió dos actas de intimación para retirar el puesto.
Según la jefatura de gabinete, el canillita opera sin permiso. La intimación advierte sobre una posible multa y hasta sobre el retiro del puesto. Para Miranda, la situación es más delicada: teme una intervención de la Policía de la Ciudad o que una grúa pluma se lo lleve mientras no está.
Miranda cuenta que en 2015 la Ciudad le otorgó un permiso de uso del espacio público que la Corporación Antiguo Puerto Madero nunca le dejó usufructuar. Primero se instaló con caballetes en Juana Manso al 1100 y, en 2020, durante la pandemia, Rodríguez Larreta se comprometió a ayudarlo a emplazar el puesto.
Desde el área de fiscalización explicaron que se lo intimó porque no tiene el permiso para tener el puesto. Le pidieron iniciar el trámite por TAD y, si pone todo en regla, no va a tener problemas para que le emitan el permiso. Para Miranda, eso suena a un bucle administrativo: pide la habilitación específica desde hace años y no se la otorgan.
En paralelo, vecinos alertan por la aparición de stands metálicos tipo food trucks en los laterales de los puentes de ingreso y egreso al barrio. En el cruce por Macacha Güemes hay un kiosco, un café de especialidad y una hamburguesería; en Azucena Villaflor, otro kiosco, una heladería, un shawarma y una pizzería; y en Vera Peñaloza, un tercer kiosco y venta de medialunas.
Esos módulos comerciales fueron habilitados por la Corporación Puerto Madero, la sociedad anónima que urbanizó el barrio a partir de los 90 y tiene injerencia en los malecones. El vecino José Barboza se quejó por la estética, los olores, la mugre y la preocupación que generan, y sumó la falta de limpieza en calles y veredas.
El caso expone un nudo entre memoria urbana, espacio público y gestión administrativa. Mientras la Ciudad exige regularizar el puesto de diarios, el barrio observa la instalación de nuevos módulos gastronómicos y se pregunta si la próxima floración de las tipas encontrará todavía a Miranda en la plazoleta.
Con información de: Clarín - Ciudades.

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