La presbiacusia, o pérdida auditiva relacionada con la edad, es mucho más que un problema de comunicación: se ha convertido en una clave fundamental para prevenir el deterioro cognitivo y la demencia en adultos mayores.
Según datos del Instituto Nacional sobre la Sordera de Estados Unidos, este padecimiento afecta al 30% de los mayores de 65 años y alcanza entre un 70 y 90% de las personas de 85 años o más, convirtiéndose en uno de los trastornos más frecuentes de la tercera edad.
La doctora Patricia Portillo Marzal, otorrinolaringóloga del Hospital Italiano, explica que "una gran parte de las personas, digamos la mayoría, con los años van a ir perdiendo la audición". Sin embargo, aclara que esto varía según cada individuo y el ambiente que habite.
"Hay quienes tendrán más tendencia que otros, y además hay otro factor de riesgo muy importante: el ruido ambiente, ya sea vivir en una ciudad muy ruidosa, o trabajar en un ambiente ruidoso como una fábrica", señala la especialista.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde el ruido urbano constante es una realidad cotidiana, estos factores ambientales cobran especial relevancia para los vecinos porteños y del conurbano.
La presbiacusia no solo implica una pérdida en el volumen de percepción, sino también en la comprensión. "Se da un enlentecimiento del procesamiento auditivo: qué hacemos con la información desde que llega al oído hasta que llega al cerebro", precisa Portillo Marzal.
Esta dificultad se manifiesta especialmente cuando hay múltiples sonidos simultáneos - situación común en el bullicio porteño - como música, varias personas hablando o la televisión de fondo, donde la información llega "mezclada" al cerebro.
Un estudio publicado en The Lancet revela datos contundentes: "En personas con pérdida auditiva, el uso de audífonos se asocia con un riesgo de demencia similar al de las personas sin pérdida auditiva".
La investigación va más allá: "Partiendo de la premisa de que hasta el 8 por ciento de los casos de demencia podrían prevenirse con un manejo adecuado de la pérdida auditiva, nuestros hallazgos resaltan la necesidad urgente de tomar medidas".
Los audífonos emergen como aliados fundamentales, aunque muchas veces enfrentan resistencia. "Con el audífono mejoramos el volumen, lo que va a permitir que podamos oír mucho mejor", explica Portillo Marzal, aunque reconoce que persiste la necesidad de que las personas hablen más pausado y de a uno.
La especialista destaca la utilidad de estos dispositivos: "Por un lado, nos va a permitir oír mejor, participar en las conversaciones y mantener una vida social activa, factor crucial para la salud cognitiva".
Para los adultos mayores de Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, donde el acceso a la salud auditiva puede variar según el distrito, la detección temprana y el tratamiento adecuado de la presbiacusia representan una oportunidad concreta de prevenir el deterioro cognitivo.
Los otorrinolaringólogos insisten: escuchar bien es bueno para el cerebro, y la mala audición figura entre los 14 factores de riesgo prevenibles para la demencia. Una realidad que, en el contexto urbano del AMBA, adquiere particular relevancia por la exposición constante al ruido ambiental.

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