El Festival Internacional de Literatura sumó una de sus atracciones más singulares: Pochi Pochi, el conjunto performático de Vivi Tellas que mezcla lectura, música, editoriales y feria en Azotea.
La cita se presentó este sábado en Azotea, avenida Córdoba 543, en CABA, con apoyo de Clarín.
El proyecto nació en 2001 a partir de una idea de Vivi Tellas, directora de artes escénicas y curadora argentina, creadora de Biodrama.
«Esta performance consiste en elegir una foto de la familia y escribir un texto. Es muy simple pero muy profundo», explica Vivi Tellas, quien también eligió una imagen familiar.
La creadora recuerda que Pochi Pochi comenzó como un ejercicio de su taller de biodrama y que su primera obra biodramática documental se llamó «Mi mamá y mi tía».
Entre 2001 y 2002, cuando era directora del teatro Sarmiento, invitó a directores y directoras a elegir a una persona viva, trabajar su biografía y contar su historia.
«Empecé a separarlo y comenzó a dar resultados. La gente escribe cosas increíbles y se entusiasma con la idea», comenta Vivi Tellas, ganadora del Premio Konex de Platino 2024 en Letras.
Para Vivi Tellas, todas las personas pueden tener una historia escénica: contar un momento personal o familiar a través de una fotografía y llevar a escena las partes teatrales de una biografía.
Antes de llegar al FILBA 2026, la performance se había presentado en Paraiso Club y en El Galpón de Guevara.
En la función de Azotea, pasaron 15 artistas entre actores, actrices, guionistas y escritores para narrar su biodrama con una lectura performática de unos diez minutos.
Entre los participantes figuran Muriel Sago, Lu Camaño, Mercedes Halfon y Dani Zelko, junto a Cecilia Pavón, Pablo Katchadjian, Marie Gouric, Caro y Felipe Saade, Claudia del Río, Magalí Etchebarne, I. Acevedo, Lorena Vega, Valeria Tentoni y Rodrigo Moreno.
Cada uno eligió una fotografía que se proyectaba sobre la pared, acompañada por una lectura performática de unos diez minutos. Alrededor de 200 personas siguieron cada historia en Azotea.
«Mi mamá y mi papá en una peña en Cusco, en el viaje en el que se cruzaron y se conocieron. Enero de 1986. Hago terapia hace diez años y así y todo empiezo a escribir este texto con miedo o esperanzas», relata Felipe Saade.
«La chica y el chico se cruzan por primera vez en Bolivia, se vuelven a cruzar casualmente en alguna ciudad más de Bolivia o Perú y para el momento de la foto, Cusco, mi vieja duda si ya estaban enganchados», cuenta Saade.
«Ahora, la foto es algo más corriente. Por eso quizás sea menos especial que en aquel momento, no lo sé. Lo que es seguro es que en esas imágenes que uno guarda hay recuerdos, mitos y secretos sobre nosotros mismos», agrega el actor.

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