La frase de Mario Pergolini sobre Milei se volvió viral porque condensó una tensión: el presidente sigue generando declaraciones, pero una parte importante de la sociedad parece haber bajado el volumen. En el diálogo con Ernesto Tenembaum y María O'Donnell, el conductor de Otro día perdido sostuvo que al 80% de la gente le importa tres pitos lo que diga el jefe de Estado.
El asombro de los conductores no era menor: si el mandatario es el centro de la agenda, ¿cómo puede no importar? La respuesta de Pergolini fue tajante: nada, nada de nada, de nada. Y arriesgó que a la mayoría no le interesa Milei, sus insultos ni lo que diga de cualquiera, porque no está en su cotidianeidad ni en sus charlas.
Una mirada rápida diría que el asombro se justificaba: ¿cómo no va a importar lo que diga el presidente? Pero los datos ofrecen otra pista. El informe de Pulsar, laboratorio de Opinión Pública de la UBA, registró que el 63% de los argentinos está poco o nada interesado en la política. Además, el 42% no simpatiza ni se identifica con ningún partido.
Ese vacío no necesariamente se llenó con Milei. Puede pensarse que el presidente ocupó ese espacio en el vínculo entre votantes y políticos, pero también que, con casi tres años de gestión, perdió su condición de novedad y es asimilado como uno más, con su cuota de escepticismo. En la Ciudad y el conurbano, esa distancia se vuelve más visible porque, como dijo Pergolini, no está en la cotidianeidad ni en las charlas.
A los porcentajes se suma el desgaste por la confrontación. Un informe de la consultora Zuban Córdoba indica que gran parte de la ciudadanía manifiesta desapego o saturación frente a las disputas mediáticas y confrontaciones institucionales, percibidas como ajenas a la agenda real. Esa lectura explica por qué la pirotecnia declarativa, lejos de despertar interés, puede alejar a los argentinos.
El fenómeno no es exclusivo de la Argentina. En Europa, un relevamiento del Eurobarómetro mostró que alrededor del 75% de los europeos no confiaba en los partidos políticos. Cerca de la mitad de los jóvenes de 15 y 24 años se declaraba poco o nada interesado, y apenas 1 de cada 10 seguía las noticias políticas de manera habitual.
En Estados Unidos, un informe del Pew Research Center señaló que el 65% se siente exhausto de manera frecuente o permanente cuando piensa en política. Menos del 10% dijo tener esperanzas. En ese contexto, las movilizaciones de franceses e italianos que derivaron en violencia y saqueos, y el temor a una escalada que pusiera en peligro al gobierno de Macron, muestran que el desinterés puede convivir con crisis.
La pregunta que queda abierta es si la desconexión es síntoma de normalidad o de desesperanza. Si a la mayoría no le interesa lo que dice el presidente, ¿es un dato bueno o malo para Milei y para toda la clase política? No hay respuesta simple. Lo que sí es seguro es que indiferencia y hartazgo no son lo mismo, aunque estén cerca.
Con información de: Clarín, Pulsar y Zuban Córdoba.

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