El festival Pausar la IA instaló una pregunta incómoda en la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes: ¿puede una máquina crear? En un conversatorio de café, con apoyo de Clarín y la revista Ñ, tres voces de la crítica y la cultura discutieron la inteligencia artificial, el arte, la literatura y la música pop sin diapositivas formales.
La presentación estuvo a cargo de Daniela Gutiérrez, en representación de Medifé, y la moderación de Pablo Schanton. Junto a la doctora en Teoría Comparada de las Artes Jazmín Adler y el escritor Juan Mattio, la mesa eligió la improvisación, el análisis de piezas audiovisuales y el debate conceptual para pensar el impacto de los modelos generativos.
El punto de partida fue una publicidad de Coca-Cola de 2023, ambientada en un museo clásico. En la pieza, grandes obras de la pintura universal cobran vida en tres dimensiones gracias a la IA generativa y se pasan una botella hasta llegar a un estudiante que intenta copiarlas a lápiz.
Pablo Schanton leyó el video como una warholización del arte: las obras maestras se vuelven mercancías en un registro pop de consumo masivo. Ahí se tensiona la lógica aristocrática del original único frente al aura benjaminiana y la reproductibilidad técnica.
Juan Mattio vinculó la animación publicitaria con la novela Últimos días en la nueva París, de China Miéville, donde una bomba química desata y cobra vida a las criaturas del surrealismo. También trajo las reflexiones de Walter Benjamin sobre la fotografía en el siglo XIX, que desplazó a los pintores realistas y habilitó las vanguardias históricas.
Sobre la escritura, Mattio remarcó la naturaleza estadística de los modelos de lenguaje: la IA se alimenta de texto, saca un promedio y deduce una sintaxis. Puso en duda que la sintaxis de Juan José Saero o la gramática de Jorge Luis Borges surjan de ese promedio, porque están fuera de él.
La advertencia fue otra: la IA sí puede replicar novelas que no innovan y se construyen sobre fórmulas repetitivas del estilo de época. Mattio contó que, para la portada de su novela La nación de los sueños diurnos, usó imágenes generadas por IA que dialogan con estéticas oníricas e inquietantes de la mutación biológica, imposibles de realizar con herramientas analógicas tradicionales.
El debate se metió en la subjetividad: ¿pueden los modelos generativos tener inconsciente o autorreflexión? Jazmín Adler citó el caso de un investigador de la Universidad de Cambridge que, en 2026, recibió un correo electrónico en el que un modelo de IA se interrogaba sobre su propia conciencia.
Frente a si la autorreflexión equipara a la máquina con el sujeto moderno, Mattio fue enfático: el sujeto moderno nace de la escisión y el lenguaje carga con historia, trauma y experiencia social. Cuando la IA comete un error, se lo denomina alucinación, pero no responde a un fallo del inconsciente.

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