Hace exactamente 25 años, una callecita gris de Barracas se transformó en algo único en la Ciudad de Buenos Aires. El Pasaje Lanín, esas tres cuadras entre Suárez, Brandsen, las vías del Roca y Feijoó, pasó de ser una "calle fantasma" a convertirse en una galería de arte abstracto a cielo abierto que hoy es referencia del sur porteño.
Todo comenzó en 1998, cuando Marino Santa María -quien había dejado el cargo de rector de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón- se inspiró en el Museo Guggenheim de Bilbao para crear una obra importante en su barrio natal. "De chico jugaba al fútbol en esta calle. Quizás manché tanto estas paredes con pelotazos que de alguna manera quise 'limpiarlas'", recordó el artista a Clarín.
Con el apoyo de Pérez Celis -quien venía de pintar los murales en la cancha de Boca-, el Banco Ciudad y el Gobierno Nacional, Santa María y unos 20 ayudantes trabajaron ad honorem durante 2 años para pintar los frentes de las 40 casas del pasaje. La obra se inauguró hace exactamente un cuarto de siglo.
El impacto fue inmediato. Esa zona humilde se convirtió en un punto de referencia del sur de la Ciudad, con mejoras en las veredas, luces LED y un flujo constante de turistas. El Pasaje Lanín es una parada fija en La Noche de Los Museos, recibe talleres con escuelas y fue declarado Sitio de Interés Cultural.
Santa María no se detiene. Inspirado en Antoni Gaudí, trabaja para convertir las pinturas en mosaicos más duraderos, completando ya un 25 por ciento del proyecto. "Este año tuve apoyo a través de Mecenazgo y del Banco Santander pero no cuento con una financiación permanente", explica el artista.
Para celebrar este domingo 19 de abril, vecinos y visitantes podrán disfrutar de un almuerzo "a la canasta" entre las 12 y las 16 horas, completamente gratuito. Habrá visitas de artistas, talleres de mosaicos para chicos, shows musicales y propuestas gastronómicas, con apoyo del Gobierno porteño.
"Elegí esta forma de festejar porque durante mi infancia, una vez al año, se hacía un encuentro similar de todos los vecinos. Me interesa conservar esta tradición", explica Santa María, quien mantiene vivo el alma de barrio en plena transformación urbana.
El artista, que nació en Lanín 33 y aún vive allí, recuerda con orgullo un pasacalles que le regalaron hace unos años: "Gracias por revivir Lanín". "Esta era una calle fantasma para los que vivían a cinco o seis cuadras. Es un orgullo haber colaborado para que se convierta en parte de la identidad de la zona y una mejora para la calidad de vida", reflexiona.
Aunque viene golpeado por la reciente remoción de sus obras de las columnas del hall de la estación Plaza Italia del subte D a comienzos de marzo, Santa María mantiene su compromiso con el arte público. "Los vecinos que llegan hoy muestran un gran respeto por la obra", destaca, confirmando que el Pasaje Lanín sigue siendo un ejemplo de cómo el arte puede transformar un barrio.

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