La mañana de martes se complicó en Ciudad de Buenos Aires porque Emova informó que las líneas A, B, C, D, E, H y Premetro interrumpieron el servicio por una medida de fuerza gremial.
En Constitución, estación de paso para miles de pasajeros que bajaban del tren, la rutina se alteró: los usuarios debieron reorganizar recorridos, enfrentar filas y calcular cómo llegar a trabajo o facultad.
La medida obligó a usar colectivos y otras alternativas, pero varios pasajeros describieron filas largas, desvíos y la incertidumbre de un paro por tiempo indeterminado.
Según la información, la Policía de la Ciudad detuvo a tres metrodelegados: Claudio Dellecarbonara, Néstor Segovia y Facundo Heredia. La intervención ocurrió después de que un trabajador de la línea B abriera una puerta de emergencia en la estación Juan Manuel de Rosas para que usuarios ingresaran sin pagar el boleto.
Nicolás Iglesias tomó el tren en Lomas de Zamora a las 11.20 y dijo que, como siempre, llegaba a Constitución a las 11.50 para tomar el subte hasta la Universidad de Palermo.
“Hoy tenía que exponer con mis compañeros a las 12.30 y mirá la hora que es. No hay chance de que llegue. Estoy nervioso porque no sé lo que le voy a decir a mi profesor”, contó Nicolás.
En la estación, la fila para el colectivo 39 se volvió “imposible”, según un pasajero. Los colectivos que antes paraban sobre la calle Ciudadela, junto a la plaza, se desviaron a la calle Juan de Garay, lo que desconcertó a quienes no son habituales del transporte de superficie.
Victoria Sánchez, que iba a Palermo a trabajar, dijo que “voy a terminar gastando el doble”. Siempre tomaba el subte y llegaba directo, pero ahora debía combinar colectivos y no sabía cuánto tardaría. “Capaz que ni haga la fila y directamente me tome un Uber”, explicó.
“Uno sale de la casa con la plata justa para viajar y estas cosas te desacomodan todo el presupuesto”, agregó. Su testimonio muestra cómo el paro afecta el bolsillo de quienes dependen del transporte para llegar a destino.
Un grupo de chicos revisaba el Google Maps para elegir la línea de colectivo más rápida. David Gauto, que venía de Lanús para un evento cerca de Plaza Houssay, dijo que debía llegar a las 13 y dudaba en poder hacerlo.
“Si bien el subte es caro, también es más rápido”, explicó. En el mismo grupo, varios pasajeros venían de distintos lugares de la zona sur del Conurbano bonaerense y, al bajar en Constitución, debían cambiar toda la ruta.
Estela resumió el malestar: “Lo peor es que no sabés cuánto va a durar. Si te dicen que son veinte minutos, esperás, pero cuando es por tiempo indeterminado tenés que empezar a buscar otra forma de llegar. Y mientras tanto se acumula gente en todos lados”.
En Constitución, algunos pasajeros bajaban del tren Roca y pasaban los molinetes a las apuradas. Otros, al ver las persianas bajas del subte, frenaban de golpe, miraban los accesos cerrados y buscaban alguna explicación.
Con información de: Clarín - Ciudades.

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