Desde las 0 de este miércoles, la Avenida del Libertador está cortada entre Sarmiento y Bullrich, y las calles que la cruzan quedaron detrás de vallas metálicas, módulos y agentes de tránsito. Es el primer tramo del operativo que la Ciudad lleva adelante junto al Gobierno nacional por la visita del papa León XIV, y se irá extendiendo hacia el norte hasta el viernes.
Para los vecinos de Palermo, la llegada del Papa es un acontecimiento que celebran, pero los cortes anticipados les cambiaron la rutina. Entre la bienvenida y la sensación de estar encerrados en su propia cuadra, cada uno encontró su manera de convivir con el operativo.
Julio y Marta, jubilados, viven sobre Libertador al 3500 y salieron a caminar por la avenida sin autos. Admiten que sacar el auto se volvió un trámite que los fastidia un poco, pero aseguran que todo está bien organizado. Entienden que “es el Papa” y ya tienen un plan: van a estar en la vereda cuando pase, para saludarlo.
Sobre Sinclair al 3200, Estela y Ricardo dicen que vivir entre vallas es “más o menos”. Les molesta no poder usar el auto con normalidad y les preocupa la cantidad de gente que llegará la semana próxima. Aun así, entienden la importancia de la visita y verán pasar al Papa desde su balcón, tranquilos y con mejor vista.
Juana, de Oro al 3000, ya se acostumbró a mostrar un código QR cada vez que entra o sale con el auto. Explica que algunos vecinos no lo necesitan si tienen el domicilio en el DNI. No piensa quedarse el fin de semana largo: “El viernes ya me voy a Pilar y no vuelvo hasta el miércoles de la semana que viene”. Al Papa prefiere verlo por televisión y prefiere irse para estar tranquila.
En un edificio de Godoy Cruz y Seguí, Carlos, propietario, y Aníbal, el encargado, coinciden en que el operativo está mal organizado y en que nadie les avisó que desde este miércoles iban a cortar toda la zona.
“Ayer volvía de trabajar a la noche por Libertador y un policía me frenó y no me quería dejar pasar. Le dije: ¿cómo no me vas a dejar pasar si yo vivo acá? Me tuve que pelear”, relata Carlos. Guarda el auto en una cochera y desde el viernes lo dejará ahí hasta que se vaya el Papa. “No es contra el Papa. Para mí está mal organizado. ¿Cómo van a cortar con tantos días de anticipación? ”.
Aníbal tiene un problema más concreto: el bolsillo. Desde el sábado va a estar prohibido estacionar a menos de cien metros de Libertador. El día en una cochera está 80 mil pesos y lo va a tener que guardar cinco días, desde el viernes hasta el miércoles. Eso cuesta no menos de 300 mil pesos en total, se queja.
Julio, otro vecino que vive sobre Godoy Cruz, tampoco está conforme. Se está haciendo estudios médicos y ya sufrió las consecuencias de los desvíos. “Tardé como 40 minutos en volver de la clínica por el caos de tránsito que hay. Y la clínica está acá nomás”, cuenta. Decidió no sacar el auto estos días. Si pudiera, se iría a otro lado, pero se queda porque su mujer quiere ver al Papa. “No me queda otra”.
Estuvo en la visita de Juan Pablo II en 1982 y no entiende la elección del lugar. “No entiendo por qué están haciendo esto acá. Si está todo ese espacio enorme”, relata.
Nota elaborada con información de Clarín y testimonios de vecinos de Palermo.

Comentarios