Entre el 8 y el 11 de noviembre, el Papa León XIV se alojará en la Nunciatura Apostólica, un palacio de Recoleta que combina historia, arquitectura y vida institucional.
El edificio, un hôtel particulier de 1909, fue encargado por Juan Antonio Fernández y Rosa de Anchorena, pero el matrimonio nunca lo habitó.
El arquitecto francés Edouard Le Monnier lo construyó en dos años. La vivienda, ubicada en Avenida Alvear y Montevideo, se mantuvo cerrada y silenciosa durante décadas.
Recién en 1922 se usó como vivienda permanente, cuando fue cedida al presidente electo Marcelo T. de Alvear. El radical la convirtió en residencia presidencial hasta 1928.
Allí vivió con su esposa, la soprano portuguesa Regina Pacini, fundadora de la Casa del Teatro y de la primera radio estatal, la actual Radio de la Ciudad.
La fachada tiene veinticuatro ventanas y una galería curva con tres arcos hacia cada lado. La repetición de la cifra tres ordena los ventanales y el cuerpo cilíndrico con cúpula de pizarra negra.
Los jardines, diseñados por Carlos Thays, funcionan como un pulmón para la construcción y las manzanas linderas. El conjunto, declarado Monumento Histórico Nacional en 2002, es una pieza valiosa del patrimonio porteño.
Desde 1952, el lugar es sede de la Embajada del Vaticano. Desde julio aloja al nuncio estadounidense Michael Wallace Banach, y antes fue habitada por la marquesa pontificia Adelia Harilaos de Olmos.
El arquitecto Fabio Grementieri destaca que conserva la decoración y el mobiliario de la última propietaria. Para él, es uno de los testimonios más completos de la Belle Epoque argentina.
También se alojó aquí Juan Pablo II durante sus visitas de 1982 y 1987. Ahora, el palacio vuelve a ser un punto de encuentro entre la historia urbana y la visita papal.
La fachada, siempre cerrada y silenciosa, muestra una placa de mármol que revela el nombre Nunciatura Apostólica y, entre paréntesis, informa Embajada de la Santa Sede.
La construcción es pura simetría: el ingreso se organiza desde una galería curva, inusual en la Ciudad. A un lado, tres arcos; al otro, otros tres arcos, en un orden visual.
En el centro del edificio, el cuerpo cilíndrico remata en una cúpula de pizarra negra. A la izquierda y a la derecha, tres ventanales por piso completan la secuencia.
En su libro Grandes residencias de Buenos Aires: la influencia francesa, Fabio Grementieri lo considera una de las mejores piezas de arquitectura de su época. También lo ubica entre los arquitectos más originales y creativos.
La obra de Edouard Le Monnier incluye la Parroquia de San Francisco Solano, el Yacht Club en Dársena Norte y los edificios Bencich en Diagonal Norte y Florida. Muchas de sus creaciones desaparecieron.
Adelia Harilaos de Olmos le legó a la Santa Sede la residencia, con destino testamentario de Nunciatura Apostólica. Ese legado explica por qué el edificio sigue vinculado a la diplomacia vaticana.
Hoy, el palacio no es solo un alojamiento para el Papa León XIV. Es un recordatorio de la Belle Epoque, de la arquitectura francesa y de la vida institucional de la Ciudad.

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