La carrera de Nicolás Otamendi se cerró con un gol de despedida ante Benín y con el reconocimiento de un público que lo vio convertirse en el quinto jugador con más presencias en la Selección argentina, con 140 partidos.
Su historia conecta dos clubes de AMBA: se formó en La Fábrica de Vélez, donde se destacó como marcador central tiempista, y hoy es jugador de River, el club donde llega a la despedida.
Debutó en la Selección el 20 de mayo de 2009, ante Panamá, con Diego Maradona como entrenador. Tenía 21 años y apenas había jugado 15 partidos en la Primera de Vélez, después de quedarse con la titularidad en su tercer partido con Ricardo Gareca.
En el Mundial de Sudáfrica fue titular ante Grecia y México, pero quedó marcado por su actuación ante Alemania. Por pedido de Maradona, jugó tres partidos como lateral derecho, una posición que no era la suya, en un equipo que también improvisó con Jonás Gutiérrez.
Le costó volver. Disputó apenas un partido con Sergio Batista y cinco con Alejandro Sabella, quien no lo tuvo en cuenta para el Mundial de Brasil 2014. Ese período marcó un quiebre, pero no su salida definitiva del seleccionado.
Con Gerardo Martino y ya en Valencia, se consolidó como figura. Su paso por Manchester City lo instaló en la Premier League y, con Lionel Scaloni, se transformó en el capitán elegido ante la ausencia de Messi, primero en el amistoso ante Chile en 2019 y luego en otros diez partidos.
El dato histórico es fuerte: con 140 presencias, Otamendi quedó detrás de Lionel Messi, Javier Mascherano, Angel Di María y Javier Zanetti. Además, sumó su noveno gol y, después de Messi, es el jugador con más tiempo transcurrido entre su primer y último partido: 17 años, 4 meses y 17 días.
Ante Benín, el gol llegó a los 47 minutos del segundo tiempo: Lionel Messi sacó un córner desde la izquierda y Otamendi conectó el centro en el corazón del área para el 1-0. Antes, había tocado dos de las tres primeras pelotas del equipo y recibido la primera amarilla por una patada a Olaitán.
Tras el gol, se abrazó con Messi y lo levantó en andas. Tres minutos después fue reemplazado y recibió una ovación al grito de “Ota, Ota”, en una despedida compartida con la fiesta de Messi.
En su cuenta de Instagram, después del último entrenamiento en Ezeiza, escribió: “Cada rincón parecía guardar una historia, cada mirada traía una despedida y cada instante me recordaba todo lo que significó vestir estos colores”. También dijo que el día del partido ante Benín sería “el día del mejor jugador de todo los tiempos”.
Para el fútbol de AMBA, la despedida de Otamendi deja un legado claro: un defensor formado en Vélez, consolidado en el exterior y cerrado en River, que convirtió la regularidad, el liderazgo y la entrega en su sello.

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