El Teatro Colón se prepara para recibir una de las obras más emblemáticas de la danza argentina. El próximo 7 de mayo, el Ballet del teatro porteño estrenará La consagración de la primavera, la creación mayor del coreógrafo Oscar Araiz, en un programa mixto que promete ser uno de los eventos culturales más destacados del año.
La obra ocupa un lugar singular en el extenso repertorio de este artista contemporáneo, pleno de notables creaciones. Se cumplen exactamente 60 años desde que un muy joven Araiz estrenó su propia coreografía sobre la mítica partitura de Igor Stravinsky, en el marco de la Asociación Amigos de la Danza en el Teatro San Martín.
La historia de esta pieza se remonta al 29 de mayo de 1913, cuando la versión original provocó el más grande escándalo teatral del siglo XX en París. La música y coreografía de Vaslav Nijinsky fueron objeto de rechazos furibundos y adhesiones enardecidas desde los primeros compases. Hubo insultos, peleas a puño y hasta retos a duelo entre el público presente, que incluía a Victoria Ocampo.
Para Araiz, la música de Stravinsky fue determinante en su carrera. "No recuerdo cuándo la escuché por primera vez; quizás cuando vi la película Fantasía, de Walt Disney", relata el coreógrafo. "La música es un elemento esencial de mi trabajo y sé que La consagración me impactó fuertemente".
El encuentro con la danza llegó de manera casual en Bahía Blanca, donde estudiaba pintura. Elide Locardi, pionera de la danza moderna argentina, vio sus dibujos inspirados en la música de Stravinsky y lo invitó a probar sus clases. "Se me abrió así una puerta para siempre", recuerda Araiz.
En 1966, con un grupo de alrededor de 20 bailarines que incluía gente del Colón, independientes y folclóricos, Araiz montó su versión de La consagración. La obra aborda temas universales como el deseo, el crimen, el sacrificio, el nacimiento y el sexo, elementos que ya había explorado en creaciones anteriores.
Una característica distintiva de la puesta es la enorme pollera bajo la cual se ocultan los bailarines en el prólogo. Aunque Araiz la había descartado después de la primera versión, Julio Bocca le pidió recuperarla cuando montó la obra para el Ballet del Sodre de Montevideo en 2013.
El regreso al Colón representa un momento especial para el coreógrafo, quien ve en esta reposición la oportunidad de presentar su obra mayor ante el público porteño en el teatro más prestigioso del país. La propuesta de Bocca de remontar la pieza en esta temporada cierra un círculo de seis décadas de trayectoria artística.

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