Una nueva planta de celulosa se instala en la localidad de Ituzaingó, Corrientes, con una inversión de U$S 2.000 millones y una capacidad de producción de 800.000 toneladas anuales. Este proyecto, impulsado por capitales finlandeses, representa un modelo industrial que contrasta con la tradicional industria sustitutiva de importaciones concentrada en el AMBA.
La industria pastera-papelera global encontró en la Mesopotamia argentina el ambiente ideal para su desarrollo, aprovechando las condiciones de humedad, tierra y clima de Entre Ríos, Corrientes y Misiones. Esta nueva planta se posiciona inmediatamente entre los mayores centros productivos forestales del sistema global, con capacidad de competir directamente en mercados internacionales.
El proyecto surge de la combinación de los recursos naturales argentinos con alta tecnología y grandes capitales extranjeros, marcando una diferencia sustancial con la vieja industrialización proteccionista que caracterizó históricamente a la región metropolitana de Buenos Aires.
El modelo se inspira en la experiencia uruguaya, donde la instalación de plantas papeleras-pasteras finlandesas transformó la economía del país vecino desde principios del siglo XXI. La primera planta se estableció frente a la entrerriana Gualeguaychú, generando inicialmente conflictos binacionales, pero posteriormente demostrando ser un formidable éxito empresarial.
Posteriormente, Uruguay instaló dos plantas adicionales, una en Colonia y otra sobre el Río Negro, revitalizando el interior del país que había permanecido prácticamente vacío durante décadas. Esta transformación contrasta con el modelo económico tradicional uruguayo, basado en ganadería extensiva y un inmenso empleo público montevideano.
Para la región del AMBA, este desarrollo plantea interrogantes sobre el futuro de la industrialización argentina. Mientras la nueva industria papelera-pastera se orienta hacia mercados internacionales, principalmente asiáticos, la industria tradicional porteña enfrenta el desafío de modernizarse y competir globalmente.
La experiencia uruguaya muestra cómo la alta productividad de las plantas papeleras-pasteras puede converger con centros urbanos tradicionales a través de políticas de descentralización y promoción de nuevas actividades. Este modelo podría influir en las estrategias de desarrollo industrial del Gran Buenos Aires.
El proyecto correntino representa una nueva industrialización argentina que nada tiene que ver con la sustitución de importaciones orientada al mercado interno. En cambio, estas plantas son capaces de competir inmediatamente en el mercado mundial, marcando un cambio de paradigma en el desarrollo productivo nacional.

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