Georg Nagel, Karl Deisseroth y Peter Hegemann ganaron el Premio Nobel de Medicina 2026 por descubrir un interruptor molecular para las células nerviosas.
El comité, reunido en Estocolmo, explicó que la optogenética permite comprender cómo determinadas células contribuyen al aprendizaje, el miedo, la adicción y el movimiento.
Sus investigaciones podrían conducir algún día a tratamientos para trastornos neurológicos y sensoriales, como la enfermedad de Parkinson y la epilepsia. En medicina clínica, el método se usa para intentar restaurar la vista en personas con discapacidad visual.
“La optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro”, dijo Per Svenningsson, presidente del comité Nobel. Según el comité, la disciplina transformó de forma radical la comprensión del cerebro y cada día surgen nuevos descubrimientos que ayudan a resolver cómo funciona el cerebro humano.
Nagel, biofísico alemán de 73 años, nació en Weingarten, al sur de Alemania, y es el mayor de cinco hermanos. Seis años antes del Nobel, se había alzado con el Shaw Prize, un galardón hongkonés que reconoce a profesionales de astronomía, ciencias de la vida y medicina.
En su autobiografía, contó: “Cuando mis hermanos iban a esquiar a la cercana Austria, yo construía una máquina de vapor o una radio con el kit de ciencias que mis padres me regalaban cada Navidad”.
Sus visitas a hospitales eran frecuentes: enfermó de gravedad a los cinco años y, por problemas de salud, “a menudo pasaba las vacaciones de verano” sometiéndose a cirugías. En el colegio, “encantaban” las matemáticas, la física y la biología, a la que se dedicó en la Universidad de Constanza.
Tras recibir su diploma, Nagel trabajó como profesor en un instituto privado y fundó, junto con otros socios, el Café Chaos, uno de los centros de la contracultura y el under de Constanza. Esa etapa se cruzó con la cultura punk de los ochenta.
En la década de 2000, Hegemann y Nagel investigaban por qué un alga unicelular era capaz de nadar hacia una fuente de luz. Descubrieron una proteína del alga con propiedades únicas, llamada canalrodopsina, que se encuentra en la superficie de la célula.
Cuando se ilumina con luz azul, la proteína abre un canal y los iones cargados fluyen hacia el interior de la célula, generando un impulso eléctrico. Descubrieron que, independientemente de la célula en la que introdujeran la proteína, dichas células se volvían sensibles a la luz.
Deisseroth introdujo el gen de la canalrodopsina en neuronas de ratas y, al iluminarlas, logró activar una señal nerviosa. Publicó su hallazgo en 2005 y, dos años más tarde, logró que el interruptor controlado por luz funcionara en los cerebros de ratones vivos.

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