El Premio de Ciencias Económicas recayó este lunes en Robert E. Hall y Michael Woodford, reconocidos por sus aportes a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica.
Su investigación aborda dos preguntas que suenan a coyuntura local: cómo debe actuar un banco central cuando la economía se enfría y por qué una suba de tasas puede contener la inflación, pero también perjudicar la actividad.
El presidente Javier Milei los calificó como neo keynesianos, una versión evolucionada de los economistas keynesianos a los que el mandatario deplora. El premio, sin embargo, pone en el centro el debate sobre las políticas anti cíclicas para impulsar la economía en recesión.
El dato argentino aparece en el paper de la Academia Sueca: menciona a Julio Rotemberg, nacido en Buenos Aires, graduado en la Universidad de California Berkeley y doctorado en Princeton, como uno de los investigadores que aportó piezas fundamentales para la macroeconomía moderna.
Su trabajo de 1982, Sticky Prices in the United States, analizó por qué las empresas no modifican sus precios de manera instantánea ante los cambios económicos. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, señaló en X que el premio también lo merecía y lo hubiera recibido Rotemberg si no hubiera fallecido en 2017.
Según la divulgación de la Academia Sueca, sus investigaciones permitieron un cambio de paradigma: explicar los resultados generales de la economía a partir de las decisiones individuales de hogares y empresas. Ese giro respondió a las limitaciones de los modelos tradicionales, basados en relaciones estadísticas entre variables como inflación, desempleo y consumo.
Las crisis petroleras de los años 70 mostraron que esos vínculos podían dejar de funcionar, con inflación elevada incluso cuando aumentaba el desempleo. En ese contexto, Hall, en un artículo de 1978, propuso que el consumo responde a la información nueva sobre los ingresos futuros, que por definición no puede anticiparse.
En un trabajo posterior con Frederic Mishkin, publicado en 1982, halló que alrededor del 80% de los hogares analizados tomaba decisiones compatibles con esa teoría, mientras que el resto vivía prácticamente al día. Esa idea ayuda a entender por qué una reducción de impuestos o una transferencia estatal no siempre se traduce en un aumento equivalente del consumo.
Woodford incorporó estos avances en su libro Interest and Prices, de 2003, donde analiza cómo las tasas de interés afectan el consumo, la producción y la inflación. El marco también permite ver por qué las expectativas sobre las decisiones futuras de los bancos centrales pueden modificar el comportamiento de hogares y empresas.
La comunicación de las autoridades monetarias ocupa un lugar central en su enfoque. En una entrevista de 2014 del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis, Woodford defendió que los bancos centrales expliciten los criterios de su comunicación.
Para la Argentina, y para los bolsillos de CABA y el conurbano, el Nobel reabre el debate sobre inflación y expectativas.

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