La Real Academia Sueca de Ciencias anunció este lunes que Robert E. Hall y Michael Woodford ganaron el Premio de Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel 2026 por desarrollar los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica.
El comité Nobel subrayó que los trabajos de los galardonados ayudaron a suavizar los picos y valles de la economía. Según la Academia, sus modelos dieron una base teórica estable para los marcos que utilizan bancos centrales y gobiernos de todo el mundo. El premio reconoce una herramienta para entender cómo una política fiscal o monetaria, aplicada en el momento adecuado, puede amortiguar recesiones y frenar aceleraciones.
La distinción llega en un contexto en el que las economías alteran períodos de expansión y recesión. Frente a esas variaciones, las autoridades suelen reducir las tasas de interés o aumentar el déficit presupuestario durante una caída de la actividad, mientras aplican medidas en sentido contrario cuando la economía se acelera. Los enfoques keynesianos que guiaron esas intervenciones durante décadas quedaron cuestionados tras las crisis petroleras de la década de 1970, cuando las economías occidentales atravesaron bajo crecimiento, desempleo elevado e inflación.
En ese escenario, Hall y Woodford reconstruyeron el análisis macroeconómico desde abajo hacia arriba. En lugar de vincular variables agregadas mediante relaciones estadísticas, sus modelos parten de la conducta de consumidores y empresas: cómo ahorran, fijan precios y modifican sus decisiones ante las señales que reciben sobre el rumbo de la economía. Ese enfoque da un lugar central a las expectativas: cuando un gobierno o un banco central comunica sus planes, puede influir en las previsiones de los agentes económicos y, con ello, en sus decisiones presentes.
La hipótesis de Hall, presentada en un artículo en 1978, era que los cambios en el consumo no podían predecirse porque dependen de información nueva e impredecible. Esa idea resultó clave para el desarrollo de la investigación moderna sobre el consumo. En tanto, el modelo de Woodford permitió responder de forma más eficaz a perturbaciones que alteran el equilibrio entre oferta y demanda, como una escasez de materias primas, un avance tecnológico, una buena o mala noticia sobre el futuro que modifica el consumo de los hogares.
John Hassler, presidente del Comité del Premio de Ciencias Económicas, explicó que los trabajos de los galardonados aportaron una base teórica estable a los modelos empleados por autoridades monetarias y gobiernos. Con ellos, dijo, estamos mejor preparados para enfrentar perturbaciones económicas, como crisis energéticas o cambios repentinos en el consumo de los hogares. Woodford, hablando por teléfono desde Nueva York, dijo que era un honor enorme y una sorpresa.
Hall está afiliado a la Universidad de Stanford, en California, y Woodford a la Universidad de Columbia, en Nueva York. Hall nació en 1943 en Palo Alto, California. El premio de Economía se conoce formalmente como el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel, establecido en 1968 como homenaje a Nobel, empresario y químico sueco del siglo XIX que inventó la dinamita y estableció los cinco Premios Nobel.
Los puristas recuerdan que el premio de Economía técnicamente no es un Premio Nobel, aunque siempre se entrega junto con los demás el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Nobel en 1896. Los reconocimientos en medicina, física, química, literatura y paz se anunciaron la semana pasada. El dinero del premio este año es de 12 millones de coronas suecas, unos 1,2 millones de dólares, ya sea para una persona, un pequeño grupo de galardonados o una organización.
El año pasado, la distinción fue para tres investigadores que estudian la innovación empresarial y explicaron cómo los nuevos productos e inventos promueven el crecimiento económico y el bienestar humano, aun cuando dejan atrás a las empresas más antiguas.
El fallo también destaca que los modelos neokeynesianos, resultado de la investigación de los galardonados, permiten explicar y cuantificar cómo la política fiscal y monetaria puede reducir las fases de recesión y expansión. Para un lector de Ciudad de Buenos Aires o del Gran Buenos Aires, la relevancia no está en los nombres, sino en el mensaje: la estabilidad macroeconómica depende de entender cómo responden hogares y empresas, y de aplicar políticas con información, reglas y expectativas bien ancladas.
Con informacion de: Clarin - Ultimo Momento, Infobae, Infobae.

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