El cine argentino está de luto. Luis Puenzo, el director que llevó al país a ganar su primer Oscar a Mejor Película Extranjera con La Historia Oficial, murió este martes 21 de abril a los 78 años. Su partida deja un vacío enorme en la cultura nacional y marca el final de una vida dedicada a contar las historias que el país necesitaba escuchar.
Puenzo siempre tuvo una explicación para la vigencia de su obra maestra: "Está vigente por méritos propios y la falta de méritos del país", decía. Para el realizador, la película hablaba de una realidad política argentina que permanecía inmutable. "Los ciclos de la historia tienen unos tiempos que no son los nuestros", reflexionaba, convencido de que el país seguía atrapado en las mismas dinámicas que habían dado origen a la tragedia de los desaparecidos.
La génesis de La Historia Oficial se remonta a un momento bisagra en la vida del director. Después del golpe de Estado de 1976, Puenzo había abandonado el cine para dedicarse exclusivamente a la publicidad. Pero la guerra de Malvinas lo impulsó a retomar la cámara: "Cuando los chicos volvieron de la guerra y empezaron a saberse las atrocidades que se habían hecho con ellos, dije: hay que filmar".
El proceso creativo no fue sencillo. Inicialmente, Puenzo quería contar la historia desde la perspectiva de una abuela que buscaba a su nieto. Pero la narrativa no funcionaba hasta que cambió el enfoque: "Hasta que vi que tenía que escribir desde la madre apropiadora. Y ahí la película explotó". Esa decisión dramatúrgica se convertiría en la clave del impacto emocional del film.
Para escribir el guión, convocó a su amiga de la adolescencia Aída Bortnik, quien había regresado del exilio en 1983. Para el protagónico eligió a Norma Aleandro, quien inicialmente se resistió al proyecto por temor a las represalias. "Estaba aterrada", recordaba la actriz. "Me llevó bastante tiempo convencerme: yo lloraba cada vez que me la contaba".
El rodaje comenzó en enero de 1984 en la casa de Acassuso donde vivía Puenzo con su familia, por razones de presupuesto. La filmación contó con la colaboración de las Abuelas de Plaza de Mayo, que por entonces iban por el tercer nieto recuperado. Pero el clima de tensión era palpable: "Una se preguntaba si eso se iba a llegar estrenar", recordaba Aleandro.
Los temores tenían fundamento real. Dos noches, unos desconocidos amenazaron a la madre de Analía Castro -la niña protagonista- para que la sacara del rodaje. La situación obligó al equipo a tomar medidas extremas: "Decidimos anunciar que la película había terminado", cuenta Puenzo. "Hicimos una fiestita, el ritual de fin de rodaje. Y seguimos filmando en secreto".
La Historia Oficial se estrenó en plena transición democrática y se convirtió en un fenómeno cultural que trascendió las fronteras. La película no solo ganó el Oscar en 1986, sino que se transformó en un testimonio fundamental sobre los crímenes de la dictadura militar. Su impacto perdura: cada aniversario del golpe militar, vuelve a las pantallas argentinas con su mensaje intacto.
El legado de Puenzo trasciende esta obra cumbre. Su mirada comprometida con la realidad social y su capacidad para abordar temas complejos desde una perspectiva humana lo convirtieron en una figura fundamental del cine nacional. Su muerte marca el final de una generación de cineastas que supo usar el arte como herramienta de memoria y resistencia.

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