En pleno centro de Monte Grande, una escena se repite casi todas las noches desde hace más de dos décadas. Jorge Muñoz, de 73 años, instala su telescopio artesanal en la Plaza Mitre y convierte una esquina del municipio de Esteban Echeverría en un observatorio abierto para cualquier vecino que quiera descubrir los secretos del universo.
El aparato que utiliza este astrónomo aficionado no es un instrumento convencional. Construido con una olla adaptada, caños de PVC, piezas recicladas y hasta la mira de un tanque Sherman de desguace militar, el telescopio representa décadas de ingenio y pasión por la astronomía. "La mira es de un tanque Sherman, desguace del ejército", explica Muñoz mientras señala una de las piezas más llamativas de su creación.
La historia de Jorge con la astronomía comenzó en su infancia en Lanús, cuando junto a su padre observaba las estrellas desde el patio de su casa. "Nos poníamos en el fondo de casa a ver las estrellas y mi papá, que conocía del tema, me las señalaba", recuerda. Esa fascinación quedó dormida durante años hasta que, hace más de tres décadas, decidió construir su primer telescopio casero.
"Era muy rústico, más que este. Era un caño de PVC de cloaca de diez centímetros de diámetro", cuenta sobre su primera creación. La experiencia que marcó su destino llegó cuando logró observar Júpiter por primera vez: "Cuando vi a Júpiter, el corazón casi que me explota", revive con emoción.
El telescopio actual conserva el espíritu artesanal del primero pero con mejoras técnicas. Funciona con un sistema de espejos y lentes que transforman la luz en imagen, incorporando tubos de gas de autos, ruedas esmeriles y la antigua mira militar reciclada. Además, utiliza un láser astronómico verde para ubicar los cuerpos celestes durante las observaciones.
Jubilado tras trabajar como educador vial en el municipio de Esteban Echeverría, Jorge mantiene una rutina que ya forma parte del paisaje nocturno de Monte Grande. Cada noche carga su equipo y lo monta en la plaza, donde cientos de vecinos han pasado por el ocular de su telescopio para observar por primera vez cráteres lunares, planetas y estrellas.
"Mucha gente se acerca. Cuando muestro la Luna en cuarto creciente y se ven los cráteres, las montañas y los valles, todos reaccionan igual: '¡Ah! ¡Es fabuloso!'", relata. Para él, esa sorpresa justifica el esfuerzo de montar el observatorio noche tras noche. "Es un espectáculo maravilloso y un regalo gratuito que nos dio el creador para disfrutarlo".
Pero la pasión de Jorge trasciende la astronomía tradicional. También dedica tiempo a investigar fenómenos ovni y tuvo un programa de radio donde hablaba sobre avistamientos y vida extraterrestre. "No estamos solos en el universo", afirma convencido, argumentando que resulta imposible que el ser humano sea la única forma de vida en una galaxia con miles de millones de estrellas.
Entre sus experiencias más memorables, recuerda un episodio de hace más de diez años cuando observó un objeto luminoso realizando movimientos imposibles para un satélite convencional. "Hizo un ocho, como el símbolo del infinito, y después una figura cuadrada. Ningún satélite puede hacer eso", relata.
Mientras cae la noche en Monte Grande, Jorge continúa con su misión de acercar el universo a los vecinos del conurbano sur. Familias, parejas y jóvenes esperan su turno para mirar el espacio profundo desde el medio de la plaza, convirtiendo cada observación en una experiencia única y gratuita en el corazón de Esteban Echeverría.

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