El microestadio municipal José María Gatica de Villa Domínico, en Avellaneda, se convirtió este domingo en el epicentro de una despedida histórica. Miles de fanáticos llegaron desde todo el país para dar el último adiós a Carlos Alberto Solari, el legendario Indio de Los Redonditos de Ricota.
Las puertas se abrieron a las 10 de la mañana, una hora antes de lo previsto, para comenzar el velatorio público del ícono del rock nacional. La organización, a cargo del Gobierno bonaerense, había prometido que nadie se quedaría sin despedirse, y cumplió: las filas se extendieron por al menos siete kilómetros sobre la avenida Mitre.
"Se nos fue el Indio", repetía entre lágrimas una joven de unos veinte años mientras salía del estadio. La imagen se replicó durante toda la jornada: rostros transformados por la emoción de quienes acababan de despedirse de su ídolo musical, el eterno "Mister" como se hacía llamar Solari.
La vigilia había comenzado la noche del sábado, cuando la familia comunicó el lugar de la despedida popular. Desde San Nicolás, Mar del Plata, pero también desde Lomas de Zamora, Bernal y Caballito, llegaron los "vagos de mil caravanas" para rendir homenaje al "padre del rock".
"El Indio era lo más. Desde chico que lo escucho, a él, a los Redondos. No lo vamos a olvidar, vive en su música", declaró Nicolás, quien se acercó desde Hurlingham con un piluso con la cara del cantante.
La organización desplegó tres pantallas ubicadas cada 100 metros para transmitir el velatorio a todos los presentes. Los ministerios de Seguridad y Salud bonaerenses coordinaron el operativo que permitió el flujo ordenado de la multitud durante las primeras horas.
En el interior del microestadio, bajo una luz tenue, el féretro iluminado presidía un templo improvisado. Una pantalla detrás combinaba fotos del músico con la inscripción "Indio, 1949 | ∞". De fondo sonaban clásicos como "Mariposa Pontiac", "Me matan Limón" y "Ángel para tu soledad".
"Las despedidas son esos dolores dulces", recordó Claudia, quien llegó desde San Cristóbal junto a su familia, citando una línea de "Gualicho", del disco Último Bondi a Finisterre. Esa frase del anteúltimo álbum de Los Redondos resumió el sentimiento de miles de ricoteros que vivieron una jornada histórica en el sur del conurbano.
Los fanáticos que no paraban de cantar hasta llegar al féretro guardaron silencio por respeto. "Grande Indio", "Te amo", "Gracias por tu música" y "Vamos Los Redondos" fueron algunos de los gritos que se escucharon mientras aplaudían al músico que marcó generaciones con su poesía urbana y su rebeldía.

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