La noticia de la muerte del Indio Solari convocó a miles de fanáticos en Plaza de Mayo, donde se vivió una despedida espontánea que mezcló dolor y celebración. Sin organización formal, los seguidores del líder de Los Redonditos de Ricota se congregaron para cantar los temas que marcaron a varias generaciones de argentinos.
Entre quienes llegaron al corazón cívico porteño se vieron rostros de todas las edades: desde Byron y Augusto, dos adolescentes de 15 años que viajaron desde Pacheco faltando a la escuela, hasta jubiladas que bailaron "Mi perro dinamita" cerca de la Pirámide de Mayo. "Nunca escuché letras como las del Indio", confesó Byron, reflejando el sentimiento de una multitud que creció con esas canciones.
La emotividad alcanzó su punto máximo cuando Facundo, que viajó desde Varela, mostró una remera con la foto de su madre fallecida y un verso de Solari: "Pensando en vos siempre". "Mi hijo me pidió hacer la remera cuando tenía ocho años y mi mamá se había muerto", relató entre lágrimas este operario portuario que trabaja en Retiro.
El pogo se formó naturalmente cuando sonó "Jijiji", el himno con el que Los Redondos se despedían en cada show. Claudio, delivery de 54 años, pausó su trabajo para sumarse al baile: "Seguí a Los Redondos, al Indio y a Skay por todos lados. Conocí mi país siguiéndolos", declaró mientras se secaba las lágrimas.
La banda sonora de la despedida incluyó clásicos como "Un ángel para tu soledad", "Todo preso es político", "La bestia pop" y "El arte del buen comer". Todos los presentes cantaron todas las canciones, demostrando cómo la música de Solari trascendió generaciones y clases sociales.
La Plaza se llenó de historias familiares: Susana, arquitecta de Núñez, contó que descubrió a Los Redondos por su hermano mayor y luego se los transmitió a sus hijos y nietos. Esta cadena generacional se repitió en cientos de familias que encontraron en la música del Indio una banda sonora común.
Desde las bocas del subte, paradas de colectivo y oficinas del microcentro porteño siguieron llegando fanáticos durante toda la tarde. La despedida espontánea demostró el impacto cultural que tuvo Solari en la sociedad argentina, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde el músico dio su último show en el año 2000.

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