El vértigo electoral excita los ánimos y llama a la acción para construir un futuro cada día más incierto. El Gobierno trata de rehacerse de las heridas que sufrió en Diputados tras dos derrotas cataclísmicas.
Entre esas normas figura la restauración de la Ley de Tierras de la familia Kirchner (2011) y una agenda para la Discapacidad que, según el análisis, contradice los protocolos ideológicos del oficialismo. El episodio explica la crispación presidencial y los ataques a los medios.
Los insultos a los mensajeros del electorado y las amenazas a periodistas generan alarma en los mercados, que interpretan el ruido como un intento entrópico que debilita a un gobierno más que débil.
El ataque a profesionales que no insultan y que tienen limitadas maneras de contrarrestar las amenazas del poder se presenta como una imitación del trumpismo. La versión criolla se vuelve esperpéntica cuando se hacen amenazas al riesgo de vida de los periodistas agraviados.
Es muy de barra brava atacar al más débil y robarse la bandera ajena. Pero la fuerza de la prensa está justamente en su debilidad. La prudencia de los afectados blinda su integridad, aunque llama a que algún fiscal se anime a iniciar una causa por presuntas amenazas.
En suma, el ruido es un gasto a pura pérdida de un gobierno que no encuentra la forma de armar un programa de continuidad después de 2027.
En ese escenario, Milei y Axel Kicillof se imaginan polarizando entre sí, aunque ninguno construyó poder de forma autónoma. Ambos son, en la lectura del texto, funcionarios puestos que buscan que en 2027 aparezca alguien que los vuelva a colocar.
El PRO macrista ya decidió apoyar a Milei, pero el respaldo se dilata mientras fracasa la consigna de que, si saca las PASO, puede ser reelegido. Hace tiempo apoyando a Hernán Lacunza como candidato propio y los números grises de la economía complican el cálculo.
Patricia, en cambio, es descrita como un planeador: despega atada a un avión con motor y planea hasta que cae. No aporta votos propios; siempre hay que llevarla, como hicieron Menem, De la Rua, Carrió y Macri y ahora Milei.
El cristinismo busca un acercamiento para mitigar la polarización que el propio peronismo fomentó hasta que se le dio vuelta y le hizo perder. El candidato del centro no está claro: si Miguel Pichetto no hubiese peregrinado tan pronto a San José, ya sería él.
El texto evoca 2009, cuando Francisco De Narváez le ganó a Néstor Kirchner porque surfó una ola del electorado que rechazaba a Cristina, derrotada en la guerra del campo. Detrás de ese candidato anodino estaban, entre otros, Mauricio Macri, Felipe Solá y Carlos Reutemann.
El peronismo, según el análisis, funciona como un gimnasio de la mutua mortificación: coincide en ideas, pero se mata por cuestiones personales. La apuesta de Kicillof es cortar con Cristina y especular con un público anti-K y anti-Milei que pueda sostener su chance.
La eliminación de las PASO le arruinaría la jugada de ganarle una PASO a Cristina o a su candidato. Uñac queda en la ruta haciendo dedo, esperando que alguien lo levante.
La urna no es un reparto de premios y castigos, sino una caja de resonancia de la sociedad. Hoy un resultado depende más que nunca de la asistencia al voto, porque la abstención se convierte en voto castigo.
Para el electorado de Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, la incertidumbre se traduce en riesgo país y en la falta de un programa de continuidad después de 2027.
Con información de: Clarín, Último Momento.

Comentarios