El Gobierno de Javier Milei empuja la aprobación de la reforma política que incluye la suspensión de las PASO, y la jugada se consolidó en Jujuy con opositores afines que buscan blindar el apoyo legislativo.
Según Clarin, Alfredo Cornejo, Carlos Sadir y Raúl Jalil se reunieron el jueves en el hotel Alto La Viña, a contramano de la mesa del litio, para resolver una respuesta al pedido del Ejecutivo.
El trío, descrito como la bisagra decisiva, coincidió en que las primarias sirven más al pejotismo para organizarse en el AMBA y en que el Gobierno está dispuesto a pagar lo que sea por la medida.
La nota subraya que Luis Caputo reconoce que la política domina a la economía, un giro que debilita la confianza del oficialismo en ganar elecciones solo con resultados económicos.
Para el texto, el propósito sería quitarle a los partidos políticos una herramienta electoral que les conviene, mientras La Libertad Avanza opera como un grupo de WhatsApp y no como partido.
El Gobierno, agrega, no tendría otra estrategia que esperar una nueva magia de 2023 y un balotaje, con Milei como único candidato del centro derecha y sin que sus contrincantes compitan por la misma candidatura.
La operación de pinzas promueve la ilusión de que Cristina Kirchner sea su contendiente, aunque la justicia la inhabilite, para exponer al peronismo como una fuerza antisistema que actúa contra la ley.
El cierre recuerda que las PASO, la primera vuelta y el balotaje no son tres elecciones sobre lo mismo, porque votan distinto y cambian los votantes, lo que complica a cualquier dirigente político.
El hotel Alto La Viña ya fue escenario de una discusión a gritos entre Mauricio Macri y Gerardo Morales, que terminó de abrochar la creación de Juntos por el Cambio en 2015.
Esa vez, el jujeño se enardeció cuando Mauricio deslizó un comentario ácido sobre Alfonsín, un antecedente que la nota usa para marcar el peso del lugar en las negociaciones de alto relieve.
El politólogo Pierre Rosanvallon pone el ojo en los efectos de las elecciones de doble vuelta, como las de la Argentina, que promovió la cláusula del balotaje en 1994.
Los partidos tratan de adaptarse a los porrazos para entender cómo se integran las mayorías, en un panorama enloquecedor para cualquier dirigente político.
La nota, según Clarin, también señala que el Gobierno imagina que les conviene que el cristinismo extremo insista en su postulación, aunque la justicia la inhabilite.

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