El presidente Milei volvió a insistir en que su principal desafío electoral no es el kirchnerismo, sino su propia gestión. Desde París, afirmó que mi rival soy yo mismo y minimizó la posibilidad de enfrentar a Kicillof o Myriam Bregman en 2027.
La idea no es nueva. En mayo ya había dicho que no competía contra el pasado decadente y que la opinión de Kicillof era irrelevante porque, según el propio presidente, el exgobernador fue ministro de la presidencia en el mejor contexto de la historia y la chocó. En agosto repitió: mi rival es mi gestión.
El problema aparece cuando esa convicción presidencial se cruza con el discurso del ministro Luis Caputo. El funcionario insiste con el riesgo kuka y con la idea de que el regreso del kirchnerismo alteraría las variables económicas, incluso si el gobierno cumple su plan.
Según Clarín, el maniqueísmo de carácter religioso y el tono de catástrofe del ministro no solo no tranquilizan al mercado, sino que ponen nervioso y despiertan ganas de comprar dólares hasta en el más distraído. Esa lectura choca con la tesis de Milei, que atribuye su destino político a su propia gestión.
En los mercados, el nerviosismo de la última semana se expresó en un riesgo país que subió hasta los 655 puntos, antes de bajar el lunes a 614. Si se sigue la lógica presidencial, ese movimiento tendría poco que ver con Kicillof y mucho con la incertidumbre sobre si el gobierno puede perder contra sí mismo.
La otra lectura, la del ministro, es distinta: ya no habría más medidas económicas para hacer y lo urgente sería un acuerdo político que saque de la cancha al kirchnerismo. En la práctica, ambas ideas se invalidan mutuamente y dejan al oficialismo con una contradicción interna que los votantes podrían advertir.
Además, Milei advirtió desde París que, si no es reelecto en 2027, los argentinos pagarán las consecuencias. En ese planteo, el problema no sería la insuficiencia del plan económico, sino la incapacidad de los votantes para reconocer su éxito. Así, su pericia técnica quedaría a salvo y el resultado político quedaría fuera de su responsabilidad.
El vaivén entre mi rival soy yo y el riesgo kuka no es solo una diferencia de estilo. Es una tensión de fondo: el presidente necesita mostrar que el plan funciona sin depender de la oposición, mientras el ministro necesita que el mercado crea que el kirchnerismo no volverá. Esa grieta interna podría ser el verdadero rival del oficialismo en 2027.
Con información de: Clarin - Ultimo Momento.

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