La campaña por la reelección de Javier Milei ya no se esconde: el presidente adelantó que los resultados de sus transformaciones se sentirán después del 2027, siempre que los argentinos lo confirmen como Presidente el año próximo. Esa aceleración electoral aparece cuando el mercado detecta que cada vez cuesta más mantener el equilibrio macroeconómico.
El mensaje al mercado es claro: este programa sería el único que garantiza previsibilidad. La advertencia implícita es que, si la experiencia fracasa, pueden regresar quienes llevaron al país a la crítica situación actual. Esa lectura maniquea calza con la táctica electoral que le diseñaron al líder libertario, y que Toto Caputo tradujo con la imagen del “Anticristo” personificado en Kicillof, al que había que exorcizar.
El gobierno dice estar preparado para un 2027 más complicado por las elecciones en ciernes. La “bazuca” de dólares, de 27.000 millones, que dice disponer Milei, funcionaría como prevención ante una inestabilidad posible si se instala la desconfianza en su reelección. Hasta ahora, no se ha revertido la caída de confianza en el gobierno, sino que se ha acentuado, aun agitando el espectro de la vuelta del peronismo en cualquiera de sus formas.
¿Cómo leer el viaje de Milei con 13 gobernadores a París? La pregunta abierta es si ese encuentro puede ser un pacto político que no solo parirá su reelección, sino que también pavimentará en el Congreso el camino para evitar sorpresas propias y ajenas. Para la Ciudad y el conurbano, ese tablero nacional vuelve a condicionar la agenda local.
La reforma electoral también está en juego. Karina Milei, los Menem y Santilli impulsan un cambio que ponga en aprietos a Cristina y al peronismo, y que también esterilice cualquier desafío de su propia tropa. Todavía no está claro si se caerá la obligatoriedad de las PASO; en Diputados podría avanzar con apoyo de gobernadores, pero en el Senado el PRO y el radicalismo tienen peso para frenarlo, y no hay mucho entusiasmo en la jefa del bloque de la LLA.
En el peronismo, el dilema se agrava. Kicillof está atrapado entre ir a una interna contra su mentora, con una base electoral solapada con la de Cristina, o plantear un acuerdo de cúpula para reeditar la fracasada experiencia de Fernández, un espejo en el que nadie quiere mirarse. El kirchnerismo, además, espera el fin de octubre, la continuidad de Lula en Brasil y un aval internacional para una eventual candidatura de la ex Presidenta.
El argumento kirchnerista es que Cristina está inhabilitada para ejercer cargos, pero no para ser candidata; si ganara, no podría asumir. Ese trabalenguas tiene un solo objetivo: sostener que existe una proscripción. Ya hay una campaña para el verano en la costa atlántica con el lema “Yo quiero votar a Cristina”. El interés, según la lectura, es conservar poder dentro del peronismo para que el próximo candidato, aunque ella no pueda competir, deba contar con su aprobación.
Con información de: Clarín - Último Momento.

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