Una semana de desaciertos políticos pone en riesgo el principal activo de Javier Milei: su capacidad de reelección. El presidente parece desarmar con sus propias manos la alianza con dirigentes de centro derecha que hasta ahora lo sostuvieron, como si fuera desgajando una mandarina pieza por pieza.
El episodio más revelador ocurrió el jueves en el Senado, donde el gobierno sufrió un verdadero Waterloo político. Pese a contar con una mayoría récord de 44 voluntades, no logró impedir la designación de María Verónica Michelli como jueza, una candidata que el propio presidente quería que no se tratase.
La magistrada no solo recibió aprobación, sino que lo hizo con dos tercios de los votos de los presentes. Una mayoría que al gobierno le cuesta conseguir para imponer sus decisiones, pero que esta vez se unió para mostrarle los dientes al mandatario.
El revés expone las grietas internas del oficialismo. Patricia Bullrich, jefa del bloque en el Senado, terminó absteniéndose en la votación, junto a la senadora chaqueña Silvana Schneider. La decisión de Bullrich obedece a instintos básicos de supervivencia política: advierte que su electorado no está de acuerdo con los ataques de Milei a medios de comunicación.
"Los gobiernos pasan y los medios siempre están ahí", resume la lógica que llevó a Bullrich a tomar distancia. Es la misma estrategia que aplicó Sergio Massa en julio de 2009, cuando renunció a la jefatura de gabinete de Cristina Kirchner antes de que enviara el proyecto de ley de medios audiovisuales.
Figuras clave como Mauricio Macri y Victoria Villarruel también están hoy lejos del proyecto de reelección presidencial. Más bien ensayan caminos propios para 2027, en un escenario donde el gobierno no termina de adaptarse al Congreso que surgió de las últimas elecciones.
El episodio desató una cacería interna dentro del oficialismo para ajustar responsabilidades. Para un movimiento caudillista como La Libertad Avanza, desairar al jefe en deseos tan específicos como el rechazo a Michelli representa un agravio grave que tendrá consecuencias en el armado del bloque oficialista.
El gobierno insiste en la necesidad de la reelección de Milei, siempre con énfasis en el riesgo político que significan sus adversarios. Sin embargo, pone su destino en manos del futuro mientras arriesga la relación con sus propios aliados, en una paradoja que puede costarle caro en las urnas de 2027.
La retórica de la obediencia que caracteriza al gobierno esconde un caos en la conducción que se hace evidente cuando la voluntad presidencial se convierte en política de estado, pero no logra traducirse en votos concretos en el Congreso.

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