A un año de la elección, el dato central no es la victoria, sino el rechazo cercano al 60% que mide Clarín en once sondeos. Para Javier Milei, el escenario es incómodo: la oposición no logra convertir esa crítica en ventaja electoral, pero el Gobierno tampoco puede presumir de un triunfo fácil. En Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, ese piso de malestar se traduce en una pregunta cotidiana: si el ajuste sigue, ¿quién paga la cuenta?
El promedio de las consultoras muestra una gestión con 38,2% de aprobación y 57,6% de desaprobación. La imagen del Presidente queda en 37% positiva y 57,2% negativa. Es el núcleo duro: hay un electorado que lo banca y otro que lo rechaza, y en el medio queda la masa votante que todavía no decidió si el sacrificio vale la pena.
El punto más áspero es la situación actual: solo 27,8% se siente “bien / mejor que antes”, mientras 61,9% se percibe “mal / peor que antes”. Ese número es el que le quita sueño a la Casa Rosada. En Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, ese dato no es abstracto: es el termómetro del ajuste.
En la pelea por espacio, los libertarios mantienen una ventaja mínima sobre el peronismo: 32,8% contra 28,4%, apenas por encima del margen de error. Detrás, el PRO aparece con 6,1%, la izquierda con 5,6% y Provincias Unidas con 4,6%. El resto se reparte entre otros, blanco, nulo y quienes todavía no saben. La foto no es un triunfo, es una carrera de fondo.
En el balotaje, la brecha se achica: 42,2% para Milei y 38,9% para Axel Kicillof, con 16,3% de blanco/nulo. Algunos estudios, los menos, ponen arriba al gobernador bonaerense. Ahí aparece el dilema: un sector, con los Caputo a la cabeza, pide acelerar acuerdos; otro, con los Menem, prefiere esperar. Es el clásico huevo y gallina.
Tampoco hay certeza en los duelos alternativos: algunos analistas ensayan a Patricia Bullrich del lado del oficialismo y a Sergio Massa desde el peronismo. En esa hipótesis, dicen, está todo parejo e incierto. La foto actual no cierra el mapa electoral.
El análisis de Clarín no es una sentencia. Faltan un año para la general, no está claro si habrá PASO o no, y la apatía de los votantes puede mover la cancha. Después de un pico de apoyo a fines de 2025, el deterioro entre enero y mayo se aceleró por la economía y por el escándalo por presunta corrupción que terminó con Manuel Adorni investigado y afuera del Gabinete. Para el oficialismo, el objetivo ya no es cantar victoria: es evitar que el rechazo se convierta en derrota.
Para el lector de Notibaires24, el dato no es solo nacional. Es la señal de que, en Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, la elección se va a decidir en la caja: si la economía mejora, si el ajuste deja de sentirse como una herida abierta. Si no, el 60% de rechazo puede seguir siendo un techo, pero también un piso electoral.
Con información de: Clarín y Último Momento.

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