El análisis de Clarín pone en el centro una secuencia de fechas clave que pueden impactar positiva o negativamente sobre las alianzas internacionales de Javier Milei y sobre la percepción externa de la economía argentina. Para los vecinos de la Ciudad y el conurbano, el tema importa porque el clima político nacional condiciona la agenda económica local.
La primera señal llega desde Brasil: el domingo que viene será la primera vuelta de las elecciones, donde Lula da Silva enfrenta a Flávio Bolsonaro, descrito en la nota como "otro de los preferidos de Trump en la región". Los pronósticos son coincidentes: puede ganar Lula, pero habrá segunda vuelta y asoma pareja.
Además, las dos últimas decisiones de Lula —la prohibición de las apuestas deportivas y la compra por parte del Tesoro de las deudas de familia vencidas en los bancos— podrían robustecer sus chances de reelección. La nota remarca la dicotomía: "No hay problemas en la economía brasileña pero los que tienen problema con la economía son los brasileños". Otra vez la tensión entre la macro y la micro, similar a lo que ocurre aquí.
Dos días después de ese balotaje, el premier Bibi Netanyahu aprobará su liderazgo en las urnas. Pronóstico reservado para otro de los dilectos aliados de Milei, quien le deseó suerte en la reunión que tuvo en la ONU con el israelí. El sistema de elección allí es parlamentario, así que el futuro de Netanyahu, sobre quien pende una condena por corrupción, depende de alianzas, con números muy parejos.
Y el 3 de noviembre serán las legislativas en EE.UU. en las que Trump, según las pesquisas, perdería la Cámara de Representantes y estaría en duda si seguirá controlando el Senado. Sería un porrazo importante si esto aconteciera. Milei no pudo desearle suerte personalmente porque no tuvo reunión en Nueva York, como se especuló aquí, ni tampoco con el secretario de Estado Marco Rubio.
El discurso presidencial en la ONU fue sorprendente. Primero, aseguró que Naciones Unidas miró para el otro lado en la disputa con Gran Bretaña por las Malvinas, cuando fue en ese ámbito en que se votaron las resoluciones más importantes en favor de la negociación de la soberanía, cuando era embajador Lucio García del Solar en la ONU.
También, Milei acusó de inservible a las Naciones Unidas y condenó a los "parásitos" que la integran. Así, enterró otro clavo en el ataúd de la candidatura del argentino Rafael Grossi, jefe del organismo de Energía Atómica, que aspira a ser el próximo titular de la ONU. Grossi tiene, además, el veto de Rusia y de Gran Bretaña, así que lo de Milei, que apoyó su postulación, fue sobre llovido, mojado.
No pasó desapercibido tampoco que Gran Bretaña comenzara a dar asistencia aérea a Arabia Saudita, venciendo su reticencia a involucrarse en el conflicto con Irán. Fue antes de la reunión del premier británico con Trump. Se anticipó, quizá, a cualquier presión sobre Malvinas, que los argentinos esperaban que hubiera por parte del presidente norteamericano.
Trump, como se preveía, había resucitado Malvinas para presionar a Londres por Irán. Sugestivamente el gobierno laborista dijo que defenderá "por la fuerza" si es necesario el enclave colonial y que Argentina carece de capacidad militar, recordó con ironía. Como efecto dominó, Milei reimpulsó la construcción de una base integral en el Sur reinstalando la tradicional desconfianza chilena en los problemas fronterizos con Argentina.
Ya que se habla de temas militares sorprendió que Milei haya destinado a 400 efectivos a hacerse cargo de la residencia de Olivos, casi un regimiento, luego de que desplazaran a todo el personal civil que trabajaba allí. Algunos dicen que hubo corrupción, otros que se ventilaron otras cuestiones de índole secreta.
Volvamos al plano doméstico. Ese mes debiera resolverse si habrá o no PASO: hasta ahora es un tema irresuelto, aunque el Gobierno deja trascender que está casi acordado. ¿Por qué es importante? La respuesta inmediata es que el peronismo las necesita desesperadamente.

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