El artista argentino Miguel Rothschild presenta en la 18ª Bienal de Arte Contemporáneo de Lyon una instalación titulada “Río de la Plata”, de 15 metros, que toma como punto de partida la historia del estuario bonaerense y su peso simbólico para la Argentina.
La pieza es una superficie ondulada con tonos cobrizos, rosados y plateados, suspendida del techo por hilos de nailon que atraviesan la tela y continúan hacia el piso, donde terminan en pequeños plomos. La luz se refleja en los hilos y produce la sensación de lluvia sobre un río que parece flotar.
La obra se exhibe en “Los Grandes Locos”, una nave industrial que acoge buena parte de la Bienal. Rothschild explicó que la instalación está inspirada en la historia de cómo nació el nombre del Río de la Plata, cuando los conquistadores españoles llegaron a esas tierras y vieron a los aborígenes con pequeñas cosas de plata.
Según relató el artista, esa escena alimentó el mito del Rey Blanco, un rey que habitaba en una sierra llena de plata y de riquezas. “A mí me gustaba jugar con esa idea de un río de plata”, dijo Rothschild, quien buscó una tela que reflejara la luz y se viera “entre plata y barro”.
El artista señaló que la obra también alude a una tragedia: la búsqueda de la plata llevó al aniquilamiento de pueblos aborígenes que vivían en esa zona. Esa primera capa histórica aparece como un fondo oscuro que sostiene la apariencia luminosa de la instalación.
La segunda tragedia remite a la dictadura militar argentina y a los miles de desaparecidos arrojados al Río de la Plata durante los llamados vuelos de la muerte. Rothschild comparó esa memoria con los hilos que terminan en plomos bajo la obra, sin mostrar cuerpos ni caer en una imagen explícita.
“Quería de alguna forma, metafóricamente, hablar de esa tristeza que lleva aparejada el Río de la Plata, sin ser demasiado evidente”, explicó. El objetivo, dijo, era crear una situación meditativa y melancólica, donde la memoria quede “bajo estas aguas”.
El agua, el mar y el cielo aparecen con frecuencia en la obra de Rothschild, quien se inspira en el romanticismo alemán y en la religión, abordada desde una idea de misterio y de “espiritualidad etérea, inagarrable”. Para el artista, el arte es un lugar de proyección: cada espectador ve algo distinto y proyecta su propia necesidad.
Rothschild, nacido en Buenos Aires en 1963 y radicado en Berlín desde los años 90, trabaja principalmente con fotografía, vídeo, instalación y collage. Su obra ha sido expuesta en instituciones de Europa y América Latina.
Con información de: Clarín, EFE.

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