Una masacre familiar sacudió el viernes un barrio de casas bajas de Mariano Acosta, partido de Merlo, en la zona oeste del conurbano.
Sobre la calle Mercedes al 2400, entre Ensenada y Dinamarca, residían Mahatma Edvynd Soihit Meza y Evelyn Carolina Rivero Mejías.
Según Clarín, todos eran venezolanos y se habían mudado hace poco tiempo al sector, donde mantenían escaso contacto con los vecinos.
El tirador, de 44 años, esposo y padre de las víctimas, había trabajado como vigilador privado, practicaba tiro al blanco y tenía una pistola 9 milímetros para ir a un polígono.
En su perfil de Facebook, se presentaba como un experto en armas y, el 6 de octubre, le dijo a un amigo: “Hay que practicar y estar preparados”.
Según una fuente de la investigación, el hombre quería montar un negocio legal de armas y todo indica que tenía una Credencial de Legítimo Usuario, aunque la documentación seguía en verificación.
El hombre también concurría a ferias y exposiciones sobre el rubro de armas de fuego, según la misma fuente que habló con Clarín.
La dificultad de la investigación se complica porque no hay testigos presenciales: todo ocurrió dentro de una pequeña habitación donde estaban únicamente las cinco personas involucradas.
La familia no tenía parientes cercanos en la zona, salvo un hermano de la mujer que no andaba por el lugar y con quien la red de contactos era escasa o casi nula.
Los peritos creen que el ataque ocurrió temprano por la mañana del jueves, cuando la mujer trabajaba con su laptop desde la cama y los tres hijos descansaban en la misma habitación pequeña.
La escena era tan reducida que, según el investigador, “varios colchones” estaban prácticamente superpuestos y la proximidad del tirador hacía innecesario un dominio experto para disparar.
Los médicos determinaron que la mujer y sus tres hijos recibieron dos balazos en la cabeza cada uno, con orificio de entrada y salida, mientras que el hombre tenía un disparo en la sien izquierda.
La hipótesis principal es que la pareja atravesaba una crisis y que la mujer le habría comunicado su intención de separarse poco antes del hecho.
Los vecinos dijeron que escucharon varios disparos el jueves a primera hora, pero recién el viernes se acercaron a la casa y encontraron los cinco cuerpos.
La falta de contacto fue advertida por los compañeros de trabajo de la mujer, que se preocuparon por su ausencia y alertaron sobre la masacre.
La mujer trabajaba como analista de sistema en forma remota y, según la fuente, era una persona seria y responsable, muy querida por sus compañeros.
El tirador se suicidó con la misma pistola después de matar a su pareja y a sus tres hijos, Dan, Alan y Nicole.

Comentarios