Una convocatoria laboral que parecía rutinaria se convirtió en un símbolo de la crisis del empleo en el conurbano. Cabaña Don Theo, el frigorífico conocido por su media res familiar, publicó un anuncio buscando personal para su sucursal de Moreno y recibió una respuesta que superó todas las expectativas.
La empresa ofrecía 60 puestos de trabajo para todos los sectores, pero la convocatoria generó una fila de más de 600 metros con personas que comenzaron a hacer cola desde las 2 de la mañana. El anuncio, publicado en redes sociales, simplemente decía: "Presentarse con CV en mano el miércoles 6 a las 11".
"Nos impacta mucho. Por un lado, estamos contentos porque vinieron, pero es terrible la cantidad de gente que hay", confesó Carolina Carena, dueña de Cabaña Don Theo. Durante las entrevistas, la empresaria notó algo que la conmovió: "Las personas están para cualquier puesto. Capaz tienen un estudio o una profesión, pero hoy la necesidad es tan grande que hace que cualquier puesto sea bueno".
En la interminable fila se mezclaron historias de toda índole. Ezequiel Páez y Lucas Ziccone, ambos de 24 años, viajaron desde Merlo tras enterarse de la convocatoria por un amigo. Ezequiel lleva un mes sin trabajo por reducción de personal, mientras que Lucas busca empleo hace tres meses tras ser despedido "sin causa por supuesta reducción".
"Es una oportunidad de seguir subsistiendo", explicaron los jóvenes, quienes remarcan que "la situación está complicada para todos". Lucas agregó que sus padres están en la misma situación, pero mantienen la esperanza de que "algo va a aparecer".
La diversidad etaria de los postulantes llamó la atención. Valeria, de 58 años, con sólida experiencia administrativa, perdió su trabajo de 24 años durante la pandemia cuando "la empresa bajó la persiana". Ahora se dedica al catering mientras busca una nueva oportunidad: "Trabajo desde toda la vida y me gustaría poder seguir".
Daniel Enrique Soraire, de 59 años, esperó más de dos horas en la fila. Aunque tiene los trámites para jubilarse, aún no cuenta con los 30 años de aportes necesarios. "Tengo dos hijas, una de 17 años en la secundaria y no tengo plata para ayudarla", relató con honestidad. Su experiencia en carnicería lo motivó a presentarse tras ver la búsqueda en Facebook.
Entre los más jóvenes, Florencia Sirimarco, de 22 años, renunció hace dos meses a su empleo en una empresa química donde trabajó cuatro años. "Quería algo mejor, pero no pensé que iba a estar tan difícil la búsqueda", admitió. Vive con sus padres en General Rodríguez y sueña con independizarse: "Me cambiaría la vida conseguir trabajo. Podría seguir con la facultad, vivir sola, cambiar el auto".
La situación más dramática la protagonizaron Matías Aranda y Brenda Vergara, ambos de 25 años y padres de una hija pequeña. Conviven con la madre de él, quien los ayuda con los gastos. "Tenemos que ver si comemos o compramos una garrafa, no alcanza para las dos cosas", expresó Brenda con crudeza.
El último trabajo de Matías fue en Coto, donde cumplió tres meses de pasantía sin ser recontratado. Brenda trabajaba como mesera en el Mercado de Moreno, pero en negro. La urgencia de ser padres hace que su búsqueda sea desesperante.
Ante la masiva convocatoria, desde el frigorífico instalaron un puesto de choripanes para quienes habían entregado su currículum, un gesto que reflejó tanto la solidaridad empresarial como la magnitud inesperada del evento.

Comentarios