A 531 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en el partido de Coronel Dorrego, se esconde uno de los secretos mejor guardados de la costa bonaerense. Marisol, un balneario de apenas 220 habitantes, conquistó el apodo de "Florianópolis argentina" por la transparencia de sus aguas y su ambiente de tranquilidad absoluta.
La propuesta de este destino representa todo lo contrario al turismo de masas que caracteriza a Mar del Plata o Villa Gesell. Para los porteños acostumbrados a las multitudes de la costa atlántica tradicional, Marisol ofrece una experiencia completamente diferente: 35 kilómetros de playas prácticamente vírgenes que en algunos sectores alcanzan hasta 800 metros de ancho.
La historia del balneario se remonta a 1948, cuando el empresario David Mathov adquirió las tierras costeras con la visión de crear un poblado junto al mar. El 11 de noviembre de 1949 se inauguró oficialmente el primer verano del balneario, marcando el inicio de una comunidad que creció de manera orgánica y sostenible.
El crecimiento fue gradual: mientras que en 1991 el censo registraba apenas 18 habitantes, la población se multiplicó por diez en las últimas décadas, manteniendo siempre su perfil de refugio natural para quienes huyen del bullicio urbano del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Una característica única de Marisol es su geografía: el pueblo está separado del océano por un cordón de médanos de hasta 3.000 metros de ancho, una formación poco común en la provincia de Buenos Aires que crea un paisaje casi desértico entre la urbanización y la costa.
El río Quequén Salado completa el escenario natural al desembocar en el mar argentino, generando un ecosistema diverso con cascadas naturales, puentes rústicos y miradores estratégicos. La zona se convirtió en un paraíso para el senderismo y la observación de aves, actividades que atraen cada vez más a visitantes del conurbano bonaerense.
Entre los atractivos principales se destaca El Sinuoso, un sendero bordeado de eucaliptos que marca la entrada al balneario, y el Mirador Panorámico, desde donde se aprecia tanto el mar como el río en una vista de 360 grados. El Anfiteatro David Mathov honra la memoria del fundador y alberga presentaciones musicales durante la temporada estival.
Para los amantes de la pesca y los deportes náuticos, El Vimar ofrece una playa fluvial sobre el Quequén Salado, mientras que la desembocadura del arroyo El Gaucho se reconoce por su excepcional riqueza natural y biodiversidad.
El acceso desde Buenos Aires requiere tomar la Ruta Nacional 3 hasta el kilómetro 531, donde nace la Ruta Provincial 108 hacia Oriente. Desde esa localidad, un camino consolidado de 22 kilómetros conduce directamente a la costa, completando un viaje de aproximadamente seis horas desde la Capital Federal.

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