La historia de Marie-Anne Erize Tisseau muestra el paso de una modelo de los años 70 a una militante desaparecida durante el golpe de Estado de 1976.
Nacida en Espartillar, provincia de Buenos Aires, en 1952, hija de inmigrantes franceses, su belleza fue descrita por la prensa como europea y lánguida.
En Buenos Aires, su carrera fue meteórica: fue primera princesa de Miss Siete Días, varias veces tapa de Gente y desfiló para alta costura.
En su libro La desaparecida de San Juan, el autor francés Philippe Broussard da detalles sobre aquella vida luminosa.
En París, llegó con los ecos del mayo del 68 y se vinculó con figuras de la chanson française, como Georges Moustaki.
Allí participó de debates sobre el Che Guevara, el capitalismo y el triunfo de Salvador Allende en Chile.
Su romance con Joan Manuel Serrat fue breve pero intenso. El cantante desmintió que La Montonera estuviera dedicada a ella y dijo que la inspiró una amiga.
Serrat dijo que la canción fue escrita en los 70 y que la inspiró una amiga a la que creyó muerta después de el Proceso.
En la Argentina, vivió en el Bajo Belgrano junto al Padre Mugica y estudió Antropología en la UBA, donde se vinculó con Montoneros.
Tras el asesinato de Mugica en 1974, su compromiso se radicalizó y usó su visibilidad para conseguir recursos, medicamentos y denunciar.
El golpe de Estado de 1976 la llevó a San Juan, donde buscó pasar desapercibida con el nombre de Lucía y siguió militando en una humilde casa.
El 15 de octubre de 1976 fue secuestrada a plena luz del día mientras salía de una bicicletería de la calle General Acha, en la ciudad de San Juan.
Testigos relataron que fue subida a la fuerza a un Ford Falcon, forcejeó y dejó en la vereda un zapato y sus anteojos.
Fue trasladada al centro clandestino La Marquesita, finca del Ejército en Rivadavia, bajo la órbita del RIM 22.
En los juicios, ex conscriptos y sobrevivientes confirmaron que oficiales a cargo, especialmente Jorge Olivera y Eduardo Cardozo, hijo del comisario general asesinado por Montoneros, se jactaban de haberla violado.
La llamaban la francesita o la modelo y se regodeaban de que ella era un trofeo.
Se presume que su cuerpo fue enterrado de forma clandestina cerca de La Marquesita o el Campo de Tiro del RIM 22.
Días después, represores irrumpieron en la casa de sus padres en Buenos Aires y dejaron la frase: ya la pusimos dos metros bajo tierra.
Su madre, Françoise Erize, encabezó la lucha por la verdad y señaló: Marie-Anne no murió por ser linda, murió por ser libre.
Con información de: Clarín y Último Momento.

Comentarios