"Esta es la crónica de una derrota", dice Leonardo Padura casi al pasar, en el café del Four Seasons de Buenos Aires. La frase está en su última novela, Morir en la arena, pero también condensa algo más amplio: el ánimo de su generación y el de un país que hoy se mueve entre apagones, escasez y una incertidumbre que atraviesa toda la isla.
El ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015 visitó Buenos Aires para presentar su nueva obra en la Feria Internacional del Libro, en una charla programada para este viernes en la sala Victoria Ocampo junto a la periodista Patricia Kolesnicov. Afuera del hotel porteño, sobre Posadas, un grupo de fans con remeras de Megadeth esperaba detrás de las vallas; adentro, el ritmo era otro.
Morir en la arena vuelve sobre seis décadas de historia cubana: de la mística revolucionaria a una "depresión social" donde la vida cotidiana se mide, muchas veces, en cartones de huevos y horas de luz. La novela tiene en su centro un parricidio real que el autor conoció de primera mano, pero que utiliza como metáfora de rupturas más profundas.
"Quería hablar del destino muy lamentable de mi generación en Cuba: gente que, después de 45 años de trabajo, se encuentra casi en la pobreza, con enormes dificultades para enfrentar la vida cotidiana", explicó Padura durante la entrevista. "Adapté ese parricidio porque me permitía hablar de cuestiones profundas en un contexto de asfixia".
El escritor habanero identifica dos palabras que atraviesan toda su obra: "miedo" y "mierda". "Mis personajes lo dicen con claridad: están viviendo en la mierda y han sentido mucho miedo", señala. "Existe un miedo social inducido que se vuelve crónico, como una piedra en el zapato que terminás por no sentir de tanto caminar con ella".
La novela refleja la vulnerabilidad extrema de los mayores, que dependen de remesas o de trabajos precarios, como ese ingeniero ultracalificado que termina trabajando de custodio para sobrevivir. "La 'mierda' es real y también simbólica", agrega Padura. "Pero el miedo es lo más perverso. Los miedos sociales inducidos degradan tanto al que los sufre como al que los provoca".
En la figura del escritor Fumero aparece ese "miedo social" inducido. El personaje representa a esos autores de los años 70 que, para ser aceptados, debían escribir literatura de propaganda financiada por el Ministerio del Interior, lo que llamaban "novela policial revolucionaria". "Yo tuve la suerte de empezar diez años después y de encontrar en la editorial Tusquets mi ventana hacia la libertad", reconoce el autor.
Padura, que hace años viene narrando una Cuba que duele, presenta en Buenos Aires una obra que recorre 60 años, desde la infancia de los personajes hasta este presente de incertidumbre absoluta. Su generación, marcada por experiencias como la guerra de Angola, carga con cicatrices que van más allá de lo individual: "Rodolfo, uno de los protagonistas, vuelve de la guerra enfermo de miedo, y esa es una marca que nos atraviesa a todos".

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