En la esquina de Corrientes y Callao, donde los tranvías dieron paso al subte y los carros a los colectivos, La Ópera sigue en pie desde 1928. Este coloso de la gastronomía porteña acaba de ser nombrado Bar Notable en agosto de este año, un reconocimiento que llega tras casi un siglo de historia en el corazón teatral de Buenos Aires.
El bar sobrevivió al ensanchamiento de Corrientes para convertirse en avenida, a la construcción del Obelisco, a la llegada del subte B y a la pandemia. Ahora, sus dueños —descendientes de la familia García— decidieron volver a las raíces: recuperar el vermú con picada, ese ritual porteño que durante décadas marcó las tardes previas al teatro.
Martín Ziegenbein, gerente del lugar, explica a Clarín que cuando los hermanos Gabriel y José García se hicieron cargo en 1974, La Ópera era solo confitería. "Lo más elaborado que había eran tostados, masas, café, vermú. Primero incorporaron cocina y después abrieron como restaurante", cuenta.
Para la Noche de los Bares Notables del 24 de septiembre, La Ópera presentará una carta de aperitivos que rescata ese hábito perdido: vermú clásico con sifón, acompañado de aceitunas fritas rellenas de roquefort y papas caseras. También habrá vermú rosso con soda y naranja, fernet con soda y vermú, Americano con limón, Cynar con pomelo y Hesperidina con soda.
"El vermú era siempre previo a la comida. Abría el apetito. Después se hizo costumbre pedirlo por la tarde, incluso fuera de la previa de un almuerzo", explica Martín sobre este ritual que buscan revivir en plena Avenida Corrientes.
En octubre, el bar sumará las "Tardes de té con masas": variedades de té en hebras, sandwiches de miga, fosforitos, macarrones, alfajorcitos, profiteroles y medialunas. Una propuesta que dialoga con la tradición de las confiterías porteñas de principios del siglo XX.
La Ópera no solo es un bar: es un museo vivo. En sus paredes cuelgan cientos de retratos de artistas y políticos que pasaron por sus mesas. Entre ellos, una joven Eva Duarte, quien según la leyenda llegó a Buenos Aires con una maleta y el sueño de ser actriz, y encontró en esta esquina su lugar favorito. La gran marquesina que decía "La Ópera" la recibió en una ciudad de tranvías y caballos.
Cuando llegó la pandemia, el bar cerró como todos los gastronómicos de la zona. Pero aprovechó para restaurar su mobiliario y reabrir en 2022 con los boxes, la barra, los espejos y las molduras renovadas. Adentro, un mural con fondo negro guarda las ornamentaciones de bronce de la ochava original, y sobre la barra brillan las letras de aquella marquesina histórica.
Hoy, La Ópera combina su carta tradicional con platos más gourmet: ensaladas con bocconcinos, jamón crudo y reducción de aceto; bifes de chorizo con papines al verdeo. Sin perder la cocina mediterránea con toque porteño, el menú es variado y abundante.
El reconocimiento como Bar Notable llega en un momento clave para la identidad porteña. Mientras la Ciudad cambia a ritmo acelerado, lugares como La Ópera son anclas de memoria: espacios donde el vermú con picada no es solo una bebida, sino un gesto cultural que conecta generaciones.
Con información de: Clarín

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