La Basílica de Luján fue escenario este martes de un homenaje al Papa Francisco que terminó reflejando las profundas divisiones de la política argentina. Al cumplirse el primer aniversario de la muerte del pontífice argentino, la ceremonia religiosa se convirtió en una postal de la grieta que atraviesa al país.
El jefe de Gabinete Manuel Adorni encabezó la delegación oficial ante la ausencia del presidente Javier Milei, quien se encuentra cumpliendo el último día de su visita a Israel. Pero la gran ausente fue la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien según fuentes oficiales evitó compartir una foto con Adorni, investigado por sus viajes al exterior y propiedades denunciadas por la diputada Marcela Pagano.
Del lado bonaerense, el gobernador Axel Kicillof llegó escoltado por los intendentes Federico Otermin (Lomas de Zamora) y Mariel Fernández (Moreno), ubicándose en primera fila junto al senador Eduardo Wado de Pedro y el intendente de Luján, Leonardo Boto. La tensión fue palpable: Adorni y Kicillof ni siquiera se saludaron durante toda la ceremonia.
El arzobispo Marcelo Colombo, titular de la Conferencia Episcopal Argentina, fue quien encabezó el homenaje con un mensaje que resonó en el contexto político actual. "Francisco nos propuso asumir los desafíos pastorales que conllevan la situación de los excluidos y descartados", remarcó el prelado mendocino, en lo que muchos interpretaron como una referencia indirecta a las políticas de ajuste del gobierno libertario.
La delegación nacional también incluyó a los ministros Diego Santilli (Interior), Federico Sturzenegger (Desregulación) y Alejandra Monteoliva (Seguridad), junto al presidente de Diputados Martín Menem y el titular del bloque libertario Gabriel Bornoroni. Llamó la atención la ausencia de la ministra Sandra Pettovello y de Patricia Bullrich, quien ya marca distancia de la decisión de mantener a Adorni en el cargo.
El momento más tenso se vivió al finalizar la ceremonia, cuando Adorni debió refugiarse en una pequeña oficina ante la presión de los periodistas que buscaban declaraciones sobre las investigaciones en su contra. La imagen del jefe de Gabinete esquivando a la prensa contrastó con la solemnidad religiosa del evento.
Desde Israel, Milei recordó a Jorge Bergoglio a través de sus redes sociales, manteniendo la distancia que caracteriza su relación con la Iglesia católica. La ausencia presidencial en un homenaje al único Papa argentino de la historia no pasó desapercibida para los analistas políticos.
La ceremonia en la histórica basílica bonaerense, que debía ser un momento de unidad en torno a la figura del Papa Francisco, terminó siendo una nueva demostración de que la grieta política argentina no respeta ni los espacios sagrados. Las miradas esquivas, los saludos evitados y las ausencias calculadas marcaron una jornada que el propio Francisco habría lamentado profundamente.

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