La Botica del Ángel, ese museo escenográfico único en su tipo que funciona en una iglesia desconsagrada de Balvanera, está de fiesta: cumple 60 años de vida y lo celebra con una agenda especial de homenajes, recitales y visitas guiadas abiertas al público porteño.
Fundado en 1966 por Eduardo Bergara Leumann —actor, conductor, vestuarista y pionero del café concert argentino—, el espacio ubicado en Luis Sáenz Peña 541 resguarda 2.000 piezas y documentos que recorren la historia cultural del país: desde Berni y Borges hasta Libertad Lamarque, Eva Duarte, el circo de los hermanos Podestá y hasta mingitorios que homenajean a Shakespeare.
El museo propone un viaje variadísimo por 33 salas donde la cultura argentina no se ordena en compartimentos sino que conversa, tal como lo hacía Bergara mientras convidaba rosquitas a sus invitados. Tango, folclore, teatro, plástica: todo convive en este espacio que es, a la vez, archivo vivo y escenario de la memoria porteña.
Los festejos arrancan el 24 de septiembre con un evento privado donde Mario Marzán contará su debut en La Botica y la escritora Luisa Valenzuela hablará de la amistad de Bergara con su madre, Luisa Mercedes Lenvinson. Habrá magia y sorpresas. El 1 de octubre, será el turno de los artistas plásticos cuyas obras integran la colección, con la presencia de Nico Favio, hijo de Leonardo Favio, quien debutó en aquel escenario y dijo que gracias a Bergara había dejado de "comer salteado".
Pero el evento abierto al público será el sábado 26 de septiembre a las 21, cuando Laura Manzini presente "Canciones rescatadas", un homenaje al café concert en su cuna histórica. Las entradas ya están disponibles y se recomienda reservar con anticipación.
La historia de La Botica arranca en Lima 670, donde Bergara había pensado abrir una sastrería. Un carpintero se equivocó, construyó una tarima enorme y Lola Membrives imaginó un escenario. Bergara lo hizo realidad y el espacio se transformó en semillero de artistas y experimentos teatrales. Una anécdota cuenta que cuando una artista tardaba en salir, Bergara le pedía la cartera a una espectadora y la abría ante todo el público. Aquella improvisación se volvió un sketch del que no se salvó ni la nieta del dictador español Francisco Franco.
Cuando se extendió la Avenida 9 de Julio, aquella sede fue demolida. Bergara rescató portones, molduras, columnas y angelitos, y mudó su aventura a la actual iglesia desconsagrada de Sáenz Peña. En los '70 se fue del país, actuó para Federico Fellini en Italia, expuso obras en Estados Unidos y en los '80 volvió a Buenos Aires para reabrir el museo con la colección que había distribuido entre amigos.
Cuando Bergara murió en 2008, La Botica pasó a manos de la Universidad del Salvador. Hoy, José Luis Larrauri —quien trabajó 20 años con el fundador—, Maura Ooms y Yolanda Acuña se ocupan de que todo siga intacto y de guiar las visitas que permiten descubrir este tesoro porteño.
"Uno sólo se lleva lo que les deja a los otros" y "Sólo muere lo que no se recuerda", solía decir Bergara. Seis décadas después, La Botica del Ángel sigue viva, conversando con la ciudad que la vio nacer y con las nuevas generaciones que descubren en sus salas un pedazo fundamental de la identidad cultural porteña.
Para información sobre visitas guiadas, se puede consultar la página web www.boticadelangel.usal.edu.ar o la cuenta de Instagram @usalboticadelangel.
Con información de: Clarín

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