Un llamado telefónico para organizar el velorio del Indio Solari bastó para que Axel Kicillof y Máximo Kirchner rompieran el muro de hielo que los separaba desde octubre pasado. La muerte del histórico cantante se convirtió en el pretexto perfecto para que ambos dirigentes dejaran de lado sus diferencias y coordinaran el funeral de quien fue un ícono de la cultura popular argentina.
El diálogo fue estrictamente operativo, apremiados por la necesidad de organizar un evento masivo en Avellaneda. Kirchner habló tanto con el intendente Jorge Ferraresi como con el gobernador bonaerense en el lapso de unas horas, resolviendo la logística con exactitud suiza y dejando las rencillas políticas a un costado.
Desde el entorno cristinista reconocen que existe voluntad de reencauzar la relación con Kicillof, aunque con las exigencias típicas de un vínculo afectado por la historia. "Fue un acto de madurez hablar, organizar y solucionar", analizó un funcionario bonaerense que considera necesario destrabar los conflictos internos que atormentan al peronismo en la provincia.
En La Cámpora ven una oportunidad para aprovechar este contacto de manera positiva. "Es una buena oportunidad para dejar abierta la puerta y seguir conversando las cuestiones de fondo que están en el tintero", analizó un dirigente influyente del espacio que lidera Máximo Kirchner.
Sin embargo, el optimismo no es unánime. Cerca del líder camporista aclaran que "en términos de la interna, lo sucedido no significa nada" porque el diálogo tuvo un marco de lógica absoluta, aunque demuestra que hubo "un grado de maduración" en la comunicación entre ambos dirigentes.
Desde el kicillofismo mantienen cautela y no visualizan cambios sustanciales en la relación. Consideran que la muerte del Indio "era una circunstancia que ameritaba dejar a un costado cualquier diferencia", pero entienden que la interna de poder no se resuelve tan fácilmente como coordinar un funeral.
El episodio desnuda la complejidad de las relaciones internas del peronismo bonaerense, donde las diferencias entre el gobernador y el kirchnerismo duro se mantienen latentes. La pregunta que se hacen en ambos espacios es si este diálogo operativo puede convertirse en el punto de partida para una reconciliación más profunda o si quedará como un paréntesis en medio de una guerra fría que lleva meses.
Para muchos dirigentes del conurbano bonaerense, la capacidad de organización demostrada durante el velorio del Indio Solari evidenció que el peronismo aún conserva su músculo logístico cuando logra articular en la misma sintonía. La incógnita es si esa coordinación puede trasladarse al plano político cotidiano.

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