Más de 2 millones de familias bonaerenses dejaron de recibir este mes la caja alimentaria del programa MESA (Módulo Extraordinario para la Seguridad Alimentaria), tras la decisión del gobernador Axel Kicillof de suspenderla por 90 días debido a la crítica situación fiscal provincial.
El programa, que costaba entre $28.000 y $30.000 millones mensuales, entregaba una vez por mes una caja con nueve productos básicos -huevos, aceite, arroz, harina, leche, lentejas y arvejas- a familias con chicos en escuelas públicas de los 135 municipios bonaerenses. La distribución estaba a cargo de los Consejos Escolares, cuyos presidentes responden políticamente a los intendentes locales.
Según fuentes de la administración provincial consultadas por este medio, la decisión se tomó entre febrero y marzo ante la imposibilidad de sostener el gasto. 'No hay plata', viene repitiendo Pablo López, ministro de Economía bonaerense, parafraseando la frase que popularizó Javier Milei a nivel nacional.
La crisis fiscal provincial es severa: hay casi 80.000 nuevos empleados estatales desde 2023 y los números 'no cierran por ningún lado'. Un alto funcionario advirtió que sin un ajuste importante, 'en el último semestre del año vamos a tener severos inconvenientes para pagar los casi 600.000 salarios provinciales'.
La suspensión del MESA desató una feroz interna en el peronismo bonaerense. El primer en criticar públicamente a Kicillof fue el senador provincial Mario Ishii, jefe político de José C. Paz, quien denunció el 'ajuste con la comida de los pobres'. Según dirigentes consultados, Ishii habló más por Máximo y Cristina Kirchner que por él mismo.
También se sumó a las críticas Eva Mieri, lugarteniente de la intendenta de Quilmes Mayra Mendoza, en lo que marca una clara ofensiva de La Cámpora contra el gobernador. La estrategia de Kicillof, según sus allegados, era 'pegar un volantazo en las cuentas y culpar a los libertarios con la mayor persuasión posible'.
El programa MESA, aunque no solucionaba completamente la alimentación familiar, 'contribuía a mitigar el hambre, especialmente en sectores muy carenciados del GBA' donde saciar el apetito es una preocupación diaria. La medida afecta directamente a las familias más vulnerables del conurbano bonaerense en un contexto de alta inflación y deterioro del poder adquisitivo.
La suspensión logró pasar inadvertida durante tres semanas hasta que estalló la interna peronista, evidenciando las tensiones entre Kicillof y el sector más duro del kirchnerismo, que ve en esta medida una traición a los principios del movimiento y una oportunidad para desgastar políticamente al gobernador.

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