La distancia entre Patricia Bullrich y el Gobierno se volvió más visible a medida que se acerca el año electoral, y en Casa Rosada prefieren leerla como una forma de aportar mientras no haya un corte formal.
Cerca de Karina Milei sostienen que los contrapuntos pueden ser los necesarios, porque la senadora se diferencia desde el día cero y esa postura es parte de su manera de sumar al espacio. En Balcarce 50 admiten hartazgo, pero también reconocen que la necesidad de respaldo de la ex PRO sigue creciendo.
El límite, según esa misma línea, sería un quiebre formal: un bloque propio, un monobloque o una ruptura explícita. Hasta ese momento, dicen, pueden convivir con los desmarques en off the record y con advertencias sobre una eventual disputa en las PASO.
El fondo del malestar no es solo político. El Ejecutivo está presionado por la recesión técnica, la suba de la pobreza, la caída de la actividad, los cierres de industrias y la pérdida de empleo, mientras la imagen del jefe de Estado se estanca o baja en algunos estudios. En ese escenario, Bullrich se fortalece como outsider porque no paga los costos del Ministerio de Economía.
El jefe de Estado, según fuentes del Gobierno, empezó a perder paciencia con la doctora Bullrich. Le molestó que la senadora criticara a Luis Caputo por el recorte en el presupuesto de Discapacidad 2027 sin preaviso, y también el mensaje sobre un sustituto de segunda calidad que, aunque no la nombró, fue leído como una referencia directa.
El antecedente no es menor. El jefe de Estado ya toleró cuestionamientos por el caso José Luis Espert, por el giro de la reforma electoral, por Manuel Adorni y por la ley de Propiedad Privada.
El ritmo de los choques se aceleró. Antes pasaban meses entre un cuestionamiento y otro; ahora, entre el planteo por Discapacidad y la oposición al juicio político contra las juezas Marta Pascual y Laura De Marinis, no llegó a transcurrir una semana.
Esa semana también dejó en evidencia la fragilidad de la agenda oficialista. La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central logró media sanción en la Cámara alta, pero quedaron dudas sobre la reforma política y sobre la capacidad del Gobierno para sostener su proyecto legislativo.
Las huestes de Santiago Caputo en redes evitan atacar a Bullrich y, en off, sus alfiles la defienden.
En CABA y el conurbano, el ruido nacional vuelve a condicionar la agenda local: los espacios políticos debaten cómo leer la tensión entre Milei y Bullrich sin perder de vista la gestión municipal y la pelea electoral del año que viene.
Con información de: Infobae y Notibaires24.

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